Yo no voy a la mani de los believers

Podría dar miles de razones para no haber asistido a la manifestación de hoy convocada por Podemos. Que son una reforma, que son neopopulistas, que crean unas expectativas de obertura de Proceso Constituyente derivado que no creo que puedan cumplir, que desmovilizan, que no son las bases las que controlan el partido, que Laclau me cae mal, etc. Pero no es por estos pequeños grandes rasgos por los que no voy a la manifestación. Si estuviese convocada por una marea ciudadana, como el 22M del año pasado, y confluyese con militantes/simpatizantes de Podemos pues me lo pensaba, del mismo modo que en la manifestación de una huelga general confluyo con CCOO y UGT, pese a ir en bloques separados. Sin embargo, no voy a la manifestación porque, como ya he dicho, está convocada por Podemos. Siempre es positivo que la gente se movilice y pida un cambio pero el cómo es importante o la jornada reivindicativa es pan para hoy y hambre para mañana. Hay una gran diferencia entre compartir espacios y dirigir las movilizaciones con fines electoralistas. No creo que nos podamos dejar llevar por la emoción del pulso al poder constituido. La “Marcha del cambio”, que es como se denomina al paripé de Madrid, es una manifestación de partido, con mucho significante y muy poco significado. El otro día en una clase de Sistema Político mi profesor decía que la afirmación “Podemos desmoviliza” es un cliché de la Cultura de la Transición. Tienes razón, chato, literalmente no desmoviliza, moviliza lo que quiere y cómo quiere, en este caso a dos sectores muy claros: el mayoritario poco politizado que está cansado de “tirar el voto a la basura” y el que se politizó en parte con la oleada 15M. Es decir, es una instrumentalización brutal de lo que debería ser un poder de base, no de cúpula. Si aceptamos movilización en términos de poder popular, “Manifestación de Podemos” es un oxímoron, y “Marcha del Cambio” una coña de muy mal gusto rayana en el más absoluto cinismo. Ninguna ruptura se produjo desde la socialdemocracia pura y dura. Ninguna. Si entendemos Hegemonía como la aceptación por gran parte de la población de unos valores determinados respecto a la cultura, sociedad, y la política pues sí, Podemos avanza gramscianamente, del mismo modo que el binomio PP-PSOE era hegemónico hasta hace poco. No lo neguemos y digamosle a Podemos, “¡Ole ahí!” Ahora bien, no va a acabar con el régimen del 78. Y dudo mucho que se cumplan las expectativas electorales. Es una cuestión de cultura política y empoderamiento, de que el pueblo tome conciencia de que es fuerza y poder constituyente. A día de hoy, una ciudadanía que sale a la calle en masa porque lo dice un partido político al que votará no tiene capacidad para hacer caer ningún régimen.

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