A Laura la mató el machismo

Buenos días, instituciones varias

Como ya saben, aunque finjan que no es un problema de emergencia social, hemos vivido un julio sangriento y el agosto avanza por el mismo sendero. Brutal. Esperpéntico. Pornográficamente criminal. 25 mujeres han sido asesinadas por hombres según sus cifras del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en lo que va de año y 7 casos están en investigación. El portal Feminicidio.net amplia la cifra a 64 asesinatos, de los cuales 34 han ocurrido en lo que llevamos de verano.

Femi
                                                             Feminicidio.net

Para valorar sus datos gubernamentales, tenemos que tener en cuenta que Laura del Hoyo, la compañera de Marina Okarynska, también asesinada la pasada semana en Cuenca por ese espécimen del cual hay tantas réplicas, no constará como violencia de género (para nosotras, machista) al no tener vínculos afectivos con su asesino. Eso establece la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004.

“La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.

Vaya, señores y señoras del gobierno del Estado español, Laura debía ser un cyborg y no una mujer. Por lo visto el poder patriarcal, del cual se deriva el machismo, sólo se ejerce en la intimidad de una relación sexual y/o emocional. Parece ser, además, que la amiga de Marina estaba allí “por casualidad” y no por el miedo de ésta a un agresor.

Según su ley, si un hombre agrede, viola, y/o mata a una prostituta, no es machismo. Él se cree con el derecho de robarle su autonomía, libertad y capacidad de decisión; de someterla hasta el punto de quitarle la vida, o parte de ella, pero no es machismo. Si mañana salgo a la calle y un hombre desconocido me intenta violar no será una agresión machista. No lo será tampoco si entran a robar en mi casa y ya que estamos “pues me la follo”. Y si se complica la cosa y de un golpe…Tampoco lo será. Llegados a este punto, ¿me pueden decir de dónde proviene entonces su afán de ejercer su poder sobre mi persona? ¿De forzarme? Explíquenmelo, por favor, porque no lo entiendo. Según ustedes, tampoco son víctimas del machismo madres asesinadas por hijos o hijas por padres o con relaciones de parentesco similares. Las dos niñas degolladas por su progenitor hace dos semanas con el objetivo de hacerle daño a su madre tampoco es fruto de la violencia machista. Ni el mediatizado tema Bretón. Ni la niña de 7 años asesinada por su padre el año pasado, caso por el cual la ONU ha denunciado al Estado español por negligencia. No son considerados machistas los asesinatos de transexuales, es decir, transfóbicos.  Y por supuesto, ni hablar de casos tipo las niñas de Alcacer en 1993. Violar y torturar hasta la muerte a 3 crías de 15 años, episodio oscuro de la historia de Valencia aún sin resolver, por mucho que digan, tampoco es machismo. Todas ellas no las recogen sus gloriosas cifras oficiales que supuestamente van en descenso.

Díganme, ¿cuantos más asesinatos hacen falta para que haya un ápice de voluntad política por su parte? Pero real, no para cubrir expediente que eso ya lo hacen muy bien. ¿200 al año? ¿500? ¿1000? No. Pueden contabilizar las muertes de la forma que quieran pero a este paso tendrán que hacer fosas comunes, si es que queda espacio en los terrenos de España para cavar más, y enterrarnos en cal viva. Miren, como el de Cuenca. O también pueden construir un crematorio si les causamos muchas molestias con explicaciones y/o trámites funerarios.

No creo en su sistema político ni judicial. No creo en la socialdemocracia ni en la falacia del bienestar. La maquinaria del sistema políticoeconómico sostiene el patriarcado y a la inversa. No espero que hagan absolutamente nada. Mucho menos con personajes en el seno de la política institucional diciendo que “las mujeres están para violarlas”, “me da reparo entrar en un ascensor por si hay una chica con ganas de buscarte las vueltas” o “las niñas van a la feria con las bragas en la mano” y perlas similares. Soy perfectamente consciente de que ustedes no son mi target. Esta carta no pretende convencer de diseñar políticas contra la violencia machista a 20 hombres trajeados, y una mujer callada, en una mesa a lo reunión de la White House pero en cutre. Pretende concienciar al que la lea de camino a su destino. Ahora bien, imaginen que la próxima Marina que aparece acuchillada es su hija. Imaginen que mañana su nieta Laura acompaña a su amiga a casa de su ex a recoger a sus efectos personales y no regresa. O que no puede volver a relacionarse con nadie en mucho tiempo porque alguien se ha creído con el derecho de arrancarle la ropa a las 4 de la mañana a punta de navaja en un portal. ¿Seguirán pensando que no es machismo? ¿Seguirán manteniendo el discurso de que los feminicidios, asesinatos por ser mujeres, son hechos aislados? Odio recurrir a la emocionalidad en los terrenos que debiese gobernar la razón.

Cuando tenía trece años le decía a mi madre que “nunca iba a tener novio”. Que yo no iba a permitir que un hombre me hiciese daño por lo que no tendría pareja y punto. “Solucionao”. Cuando crees tomar una determinación de tal calibre siendo una niña es porque asumes que lo que ocurre, lo que dicen las noticias que pasa entre la gente que se relaciona afectivamente (porque no se cuentan los asesinatos fuera de la pareja), “es malo” y no quieres que te pase a ti pero que es inevitable a nivel general. Es sistémico. Es estructural. Y en cierto modo, aún sin acabar de entenderlo, tenía razón porque las estructuras del poder sostienen la violencia que subyace a las agresiones explícitas: retórica de denuncias falsas, órdenes de protección denegadas, impunidad de comentarios que incitan a la violencia contra la mujer en la red y circulación de discursos que relativizan la matanza. Pero las estructuras y los sistemas cambian. Los cambian los actores sociales cuando se convierten en actores políticos. Y de la forma más efectiva de destruir estructuras tenemos muchos ejemplos. Que nadie diga que no es legítimo.

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