Cuando Ovidi y Gramsci dijeron “basta”

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¿Sabéis lo que es el merchandising? Es la producción y venta de artículos de consumo en base a un fenómeno social o moda con gran seguimiento de la población. Y se hace a distintos niveles. Son los bolis, tazas y despertadores del Barça. Las camisetas de grupos de música, películas y artistas. Es la imagen del Che Guevara impresa en tela y en papel a partir de los 90, cuando el comunismo dejó de ser un peligro (y objeto de propaganda) para pasar a ser uno más de los productos de la cultura pop que las corrientes posmodernas traían. Y la camiseta del Che la llevan niños y adultos, gente implicada en política y gente que no lo está. Es la legitimidad general del Working Class Heroe de Sergio Ramos. Es la despolitización de la política. La estética por encima de la ética.

En este punto, una piensa: hagamos en cadena camisetas del cantautor Ovidi. Fijo que ya se están haciendo. Hagamos toallas para la playa, vasos, libretas con su cara. ¿Qué os parece? Alguno dirá “te has vuelto loca, cómo manchar así su imagen…”. No, su imagen la mancháis todos los que actualmente caéis en la mitomanía con un artista humilde que no pretendió convertirse en el símbolo de ninguna lucha y, mucho menos, por vía institucional. El imaginario común es necesario dentro de los movimientos sociales. Crea identidad grupal. Sin embargo, la sobreexplotación de las frases de Ovidi por parte de la Izquierda Independentista, o de la frase “amb el somriure, la revolta” de Lluís Llach y similares se pasa de romanticismo, camufla la conflictividad de la lucha social y además, en lugar de resignificarse, ha dejado de tener significado. A mí no me inspiran nada. Me recuerdan a las proclamas de un grupo montañero en marcha o de un esplai. Pero no a un grupo movilizado. Y no obstante, citas una de esas frases al uso y una avalancha de gente afín te hace un guiño de complicidad y reconocimiento como si, yo que sé, hubieses escrito algo novedoso o seas un machaca que se deja los codos currando de base. Yo creo que Ovidi hace tiempo que dijo “basta”.

Y a su hartazgo se habrá unido Gramsci, autor marxista que, haciendo uso de las ideas de Lenin, formuló una de las corrientes del concepto de “hegemonía cultural”. Éste, junto a otro que decide reformular el (neo)populismo, Ernesto Laclau, se convierte en una de las bases teóricas para explicar un nuevo fenómeno que dice querer hacer saltar por los aires el que hasta ahora había sido el tablero político del Estado español: Podemos. Y como los politólogos, que también están de moda, se ponen a pensar en cómo analizar ese (nuevo) experimento leyendo a Laclau y releyendo a Gramsci, parte de la juventud movilizada, que ya explotaba bastante al segundo con la frase de la indiferencia y el peso de la historia y tal, considera que ahora es el momento de volver a mirar qué decía ese tío que tanto revuelo causa y qué es eso de la nueva “gramática política”. Entonces, siguiendo la corriente predominante, grupos de música del jovent como Aspencat calculan que van a poner calientes a muchos postadolescentes si hablan de “hegemonía” en su nuevo tema, ‘Música naix de la ràbia’, y por tanto a vender muchas copias, aunque no sepan qué están diciendo porque mezclan conceptos de forma casi inconexa como demuestra la frase “La història no és més que una guerra per l’hegemonia de les posicions”. Y en este punto, Gramsci que, discrepancias a parte, no debió de pasarlo demasiado bien en la trena and respect my friend, probablemente se esté removiendo en su tumba con la banalización de sus ideas por gente que, me la juego, ni siquiera se ha molestado en leer su obra. Hagamos merchandising de Gramsci y vendámoslo. Actualmente lo compra cualquiera.

Y a todo esto, para acabar de tocar la fibra, yo me pregunto: ¿llegamos a la población a la que, supuestamente, queremos llegar? Un terreno es la lucha institucional que “ja s’ho farà” (o no, más bien no), otro es la lucha social. Crear redes y sinergias en los barrios, concienciar, politizar, crear “palancas” que impulsen a grupos obreros “hacia sectores más elevados”, como diría Draper. Y para ello el discurso, junto a la praxis, es esencial. ¿Llegamos con frases como “el somriure la revolta”? Yo creo que no. ¿Qué hacemos? ¿Trabajamos o nos hacemos pajas entre nosotros? Nuestra “gramática de la época” debería dirigirse a la clase trabajadora. Y no lo hace.

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Pitidos a Matisyahu, un lavado de conciencia

Sin títulohhh

Después de que parte de los medios de masas acusasen al BDS de antisemitismo y de que el PP y Mónica Oltra compartiesen argumentos falaces para dejarlo actuar, Matisyahu ha actuado en el Rototom Sunplash. El sionismo ha vencido. Excepto la Gossa Sorda ningún grupo, finalmente, se ha negado a compartir cartel con el músico judío que tiene canciones como “Estoy dejando caer bombas sobre vuestras madres hasta que os rindáis”, por poner un ejemplo. En esta situación una piensa “bueno, a ver qué hace el público”. Y parte del público asiste al Rototom con banderas palestinas y recibe a Matisyahu con pitidos. Pues no, señores, para mí no es una “imagen impagable” como se publica en algunos tweets.

Parece ser que todos estamos hiper concienciados en contra de la ocupación que lleva a cabo el Estado de Israel desde 1948 y anexión territorial y masacre del pueblo palestino desde 1967. Es una locura que un sistema de apartheid en toda regla y prácticas con tintes genocidas tengan respaldo internacional, ¿no? O que el lobby israelí presione para conseguir la total impunidad de aquellos que legitiman y hacen proselitismo del asesinato, ¿verdad? A todos nos indigna mucho ver en las noticias que Israel se ha cargado a 2200 personas en Gaza en dos meses de operación militar que encima, para echarnos unas risas, se llama ‘Margen Protector’. Pensamos que es una brutalidad que organismos internacionales como la ONU lleguen a reconocer que el Estado de Israel comete crímenes de guerra pero que no se haga absolutamente nada útil para evitarlo. O que la compra y venta de armas a Israel viole la Posición Común sobre Exportaciones de Tecnología militar y Equipamientos del Parlamento Europeo de 2008 que prohíbe las operaciones con países que vulneren derechos humanos y tengan represión interna. Y nos parece deleznable que haya sionistas, no judíos, sionistas que utilicen el antisemitismo nazi para justificar sus andanzas por la Franja de Gaza y Cisjordania. Por no nombrar que es de un cínico asqueroso que los principales partidos condenen el boicot a Matisyahu cuando llevan años censurando a grupos de música en plena “Democracia” por tener mensajes disidentes, véase Fermin Muguruza o, actualmente, Pablo Hasel. A todos nos parece vomitivo y, por tanto, tenemos que manifestarnos en contra de esa barbarie que representa en su conjunto la presencia de Matisyahu. Y cuando acabe el concierto, a casita que llueve. A dormir plácidamente porque todos estamos políticamente comprometidos y vamos bastante emporrados.

Hipócritas. Sí, hipócritas. Os estoy juzgando. Nos estoy juzgando, porque en incoherencias similares he caído yo también. Somos unos hipócritas. Y lo sabemos. A Matisyahu se la trae floja que aparezcamos con banderitas y silbatos. Le da igual. ¿Por qué le va a importar en su posición? Que hablen de mí aunque sea para mal.  Rototom canceló el concierto y después readmitió al cantante, le pidió disculpas y acusó de presiones al BDS País Valencià. Los principales medios generalistas publicaron que el Rototom “reconoció” su error, asumiendo ellos, por tanto, que boicotear al sionismo es un error. Y los partidos políticos, hasta los progres más progres, super progres tía, de verdad, cerraron filas para respaldar una libertad de expresión que Israel impide con balas. E incluso en el hipotético caso de que los medios publiquen los próximos días para cubrir expediente que el sionista “sufrió” una protesta, Matisyahu se va a descojonar de nosotros. ¿Sabéis cómo no se partiría el culo? Si el Rototom cancela porque no tiene público. No money-no music concert-no money. Esto el Estado de Israel, Coca Cola y Panrico lo entienden a la perfección. #RototomContractsZionism porque nosotros lo financiamos.

¿A nadie se le ocurrió que si algo es efectivo es el propio boicot? Sí, claro que se nos ocurrió, es el quid de toda la polémica. El problema es que es verano, toca fiesta, pasarlo bien y, bueno, si ya tengo la entrada, coche para ir, las provisiones y tal…Pensamiento pequeño burgués de protesta: compro una bandera. Pues ya que estáis el año que viene comprad una contra la homofobia y otra contra el machismo, que también tienen cabida ese gran festival de libertad de expresión, paz y entendimiento que es el Rototom.

Sergio Ramos SÍ que es un ‘working class hero’

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Desde que Sergio Ramos salió en una fotografía con una camiseta que decía “working class hero” algunos militantes y gente políticamente comprometida le habéis cogido una manía al chaval…Y no entiendo por qué. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mintiendo? Es el héroe de la clase obrera, como lo son otros jugadores de fútbol. Como lo es Messi en su mesianismo. Que le paguen millones de euros por meter un balón entre dos palos y jubilarse antes de los 40 no significa que no sea un working class hero, porque la categoría de “heroe” no existe per se. La creamos nosotros. La otorgamos nosotros. Mientras haya una gran parte de la clase obrera que idolatre a los futbolistas de primera división que cobran una barbaridad (no todos), ellos serán héroes del pueblo. Ojalá una manifestación reuniese a tantos obreros como un partido de fútbol. Es el ejemplo por excelencia de la movilización de masas.

Siguiendo la teoría marxista podemos afirmar que esto se debe a una falta brutal de conciencia de clase o incluso a una “falsa conciencia de clase”, dejando de lado su sentido tautológico, en tanto que las aspiraciones o pensamientos del trabajador van en detrimento de sus propias necesidades o intereses materiales. Se identifica con una clase que no le corresponde. Llama a los jugadores por su nombre. Se preocupa. Empatiza con ellos. Y no son la misma clase social. No son iguales. La lucha de clases significa simple y llanamente que son ellos o nosotros. Obviamente aplaudiendo, discutiendo y peleándonos por quien ficha a quien poco conflicto hay. Recordemos que la cristalización del conflicto comienza en el discurso público. Nunca si éste es incoherente. Podemos tener contradicciones, que es a lo que se apela falazmente cuando alguien se mete con el negocio del fútbol profesional, pero no incoherencias. No tiene sentido alguno afirmar que queremos acabar con la desigualdad social y, al mismo tiempo, financiar voluntariamente y legitimar este tipo de deporte. ¿De qué vamos? Luego a veces está parte de la gente no politizada que sale con “no mezcles la política con el deporte” como si el fútbol occidental no se enmarcase dentro de la lógica de un sistema capitalista. O la repera de la argumentación “bueno, a mí no me ha hecho nada Sergio Ramos”. Claro, en un sistema sólo tiene responsabilidad el que hace leyes y las ejecuta con esa tendencia a utilizar conceptos e ideas genéricas que tenemos para desresponsabilizarnos. Señores, sí, Sergio Ramos es el héroe de una clase trabajadora sin conciencia de clase.

Y todo esto, por desgracia, se enmarca y explica dentro de una era posmoderna. Identificarse con clases sociales que no son las nuestras y aspirar a ser el de arriba de la pirámide social ocurre desde el surgimiento de la burguesía y, por tanto, del proletariado. Ahora bien, asumir que los metarelatos, grandes cosmovisiones, sistemas de valores e ideologías que dotan de sentido a la realidad y que, según Lyotard, son totalizantes, han muerto es consustancial a la corriente de pensamiento posmoderno.  Es la negación de la razón pura, que se considera una narrativa más, y la relativización de conceptos como “justicia”, “igualdad” o “libertad” según la experiencia particular y la supuesta búsqueda de la felicidad inmediata. Preocupa el ahora, no el devenir histórico ni la idea de progreso social que, estrictamente, dentro de esta corriente no existe. Y, lamentablemente, se ha conseguido convencer a parte de la población occidental, sumida en la gran mentira de la middle class, que lo que importa es la individualidad y el hedonismo por encima de la colectividad y el compromiso social. El culto a uno mismo, intentando mostrar “diferencia” artística, filosófica, etc. pero, contradictoriamente, acabando en una imitación social brutal gracias a la industria cultural, el marketing y la televisión. Y, sobre todo, la estética en todos los ámbitos: la imagen por encima del mensaje. Es el mundo a la carta, paradigma en el que se enmarca la cultura pop que sostiene la superproducción de artículos de consumo como pueda ser la camiseta de Sergio Ramos o las del Che Guevara. Hasta los años 80 el anticomunismo en EEUU estaba a la orden del día. Hoy es una moda, como tantas otras. No hay más. Sergio Ramos puede llevar la camiseta de la Working Class Hero como si mañana se coloca una de Curro Jiménez porque nosotros lo avalamos. No hay diferencia alguna. La única ideología que hay según esta corriente de pensamiento es la negación de las ideologías. Como ya he dicho, es estética. Igual que lo es la camiseta de Franco de Nuno Silva. Igual que lo es una camiseta con la cara del mismo Sergio Ramos. Él en sí mismo es una moda porque, con el supuesto fin de las ideologías, se afirma alejarse de los personalismos de los líderes políticos pero, en realidad, se crean nuevos héroes adaptados al pensamiento predominante: tú importas, no el conjunto. Mientras des espectáculo. Como en política.

Llegados a este punto, aparte de indignarnos y quejarnos, que lo hacemos bastante bien, ¿qué hacemos? Podemos cabrearnos y pegar cuatro gritos. O decir que la historia le dará su merecido, como algún tweet que he visto por ahí. O afirmar que acabará en un gulag y estas cosas tan guays que decimos en ambientes distendidos con “gente del rollo”. O también podemos plantearnos qué estamos haciendo mal para que seamos cuatro gatos los que entendamos que la camiseta de Ramos es un insulto. Porque algo estamos haciendo mal. Quizás muchos de nosotros pagar por una entrada de fútbol profesional y caer, sin querer, en la admiración incondicional a los futbolistas. Quizás lo erróneo sea el “todos tenemos contradicciones…”. O puede que nuestro error sea perder el culo por la nueva camiseta que saque el grupo de música alternativa hiper progre de turno, especialmente si tiene pasta, o convertir a Ovidi en un icono revolucionario con la sobre utilización de sus versos hasta que dejen de tener sentido.

Es imposible divulgar una visión del mundo, conseguir que tenga efecto y otra persona desarrolle su conciencia política, sin actuar en consecuencia a la misma. El capitalismo es el sistema económico más pernicioso que existe porque puede llegar a cualquier región del planeta e incluso cargárselo, como está haciendo. Y en su extensión, vivir absolutamente fuera del sistema es imposible, a menos que nos vayamos al monte con las cabras. Ahora bien, hay muchos tipos de elecciones. Y éstas determinan quienes somos.

Referencias

La condición posmoderna. Jean-François Lyotard

A Laura la mató el machismo

Buenos días, instituciones varias

Como ya saben, aunque finjan que no es un problema de emergencia social, hemos vivido un julio sangriento y el agosto avanza por el mismo sendero. Brutal. Esperpéntico. Pornográficamente criminal. 25 mujeres han sido asesinadas por hombres según sus cifras del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en lo que va de año y 7 casos están en investigación. El portal Feminicidio.net amplia la cifra a 64 asesinatos, de los cuales 34 han ocurrido en lo que llevamos de verano.

Femi
                                                             Feminicidio.net

Para valorar sus datos gubernamentales, tenemos que tener en cuenta que Laura del Hoyo, la compañera de Marina Okarynska, también asesinada la pasada semana en Cuenca por ese espécimen del cual hay tantas réplicas, no constará como violencia de género (para nosotras, machista) al no tener vínculos afectivos con su asesino. Eso establece la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004.

“La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.

Vaya, señores y señoras del gobierno del Estado español, Laura debía ser un cyborg y no una mujer. Por lo visto el poder patriarcal, del cual se deriva el machismo, sólo se ejerce en la intimidad de una relación sexual y/o emocional. Parece ser, además, que la amiga de Marina estaba allí “por casualidad” y no por el miedo de ésta a un agresor.

Según su ley, si un hombre agrede, viola, y/o mata a una prostituta, no es machismo. Él se cree con el derecho de robarle su autonomía, libertad y capacidad de decisión; de someterla hasta el punto de quitarle la vida, o parte de ella, pero no es machismo. Si mañana salgo a la calle y un hombre desconocido me intenta violar no será una agresión machista. No lo será tampoco si entran a robar en mi casa y ya que estamos “pues me la follo”. Y si se complica la cosa y de un golpe…Tampoco lo será. Llegados a este punto, ¿me pueden decir de dónde proviene entonces su afán de ejercer su poder sobre mi persona? ¿De forzarme? Explíquenmelo, por favor, porque no lo entiendo. Según ustedes, tampoco son víctimas del machismo madres asesinadas por hijos o hijas por padres o con relaciones de parentesco similares. Las dos niñas degolladas por su progenitor hace dos semanas con el objetivo de hacerle daño a su madre tampoco es fruto de la violencia machista. Ni el mediatizado tema Bretón. Ni la niña de 7 años asesinada por su padre el año pasado, caso por el cual la ONU ha denunciado al Estado español por negligencia. No son considerados machistas los asesinatos de transexuales, es decir, transfóbicos.  Y por supuesto, ni hablar de casos tipo las niñas de Alcacer en 1993. Violar y torturar hasta la muerte a 3 crías de 15 años, episodio oscuro de la historia de Valencia aún sin resolver, por mucho que digan, tampoco es machismo. Todas ellas no las recogen sus gloriosas cifras oficiales que supuestamente van en descenso.

Díganme, ¿cuantos más asesinatos hacen falta para que haya un ápice de voluntad política por su parte? Pero real, no para cubrir expediente que eso ya lo hacen muy bien. ¿200 al año? ¿500? ¿1000? No. Pueden contabilizar las muertes de la forma que quieran pero a este paso tendrán que hacer fosas comunes, si es que queda espacio en los terrenos de España para cavar más, y enterrarnos en cal viva. Miren, como el de Cuenca. O también pueden construir un crematorio si les causamos muchas molestias con explicaciones y/o trámites funerarios.

No creo en su sistema político ni judicial. No creo en la socialdemocracia ni en la falacia del bienestar. La maquinaria del sistema políticoeconómico sostiene el patriarcado y a la inversa. No espero que hagan absolutamente nada. Mucho menos con personajes en el seno de la política institucional diciendo que “las mujeres están para violarlas”, “me da reparo entrar en un ascensor por si hay una chica con ganas de buscarte las vueltas” o “las niñas van a la feria con las bragas en la mano” y perlas similares. Soy perfectamente consciente de que ustedes no son mi target. Esta carta no pretende convencer de diseñar políticas contra la violencia machista a 20 hombres trajeados, y una mujer callada, en una mesa a lo reunión de la White House pero en cutre. Pretende concienciar al que la lea de camino a su destino. Ahora bien, imaginen que la próxima Marina que aparece acuchillada es su hija. Imaginen que mañana su nieta Laura acompaña a su amiga a casa de su ex a recoger a sus efectos personales y no regresa. O que no puede volver a relacionarse con nadie en mucho tiempo porque alguien se ha creído con el derecho de arrancarle la ropa a las 4 de la mañana a punta de navaja en un portal. ¿Seguirán pensando que no es machismo? ¿Seguirán manteniendo el discurso de que los feminicidios, asesinatos por ser mujeres, son hechos aislados? Odio recurrir a la emocionalidad en los terrenos que debiese gobernar la razón.

Cuando tenía trece años le decía a mi madre que “nunca iba a tener novio”. Que yo no iba a permitir que un hombre me hiciese daño por lo que no tendría pareja y punto. “Solucionao”. Cuando crees tomar una determinación de tal calibre siendo una niña es porque asumes que lo que ocurre, lo que dicen las noticias que pasa entre la gente que se relaciona afectivamente (porque no se cuentan los asesinatos fuera de la pareja), “es malo” y no quieres que te pase a ti pero que es inevitable a nivel general. Es sistémico. Es estructural. Y en cierto modo, aún sin acabar de entenderlo, tenía razón porque las estructuras del poder sostienen la violencia que subyace a las agresiones explícitas: retórica de denuncias falsas, órdenes de protección denegadas, impunidad de comentarios que incitan a la violencia contra la mujer en la red y circulación de discursos que relativizan la matanza. Pero las estructuras y los sistemas cambian. Los cambian los actores sociales cuando se convierten en actores políticos. Y de la forma más efectiva de destruir estructuras tenemos muchos ejemplos. Que nadie diga que no es legítimo.

No me llames lumpen, imbécil

Los sectores militantes tenemos un gran problema. Muchos de nosotros somos profundamente elitistas. Y el elitismo es clasismo. Criticamos a Errejón por su tweet indescifrable pero reproducimos la misma lógica que él aunque con menos vocabulario y sin cobrar por ello. No llegamos a demasiados sectores de la sociedad. Somos paternalistas. Insultantes. Profundamente egocéntricos y narcisistas. Nos encanta salir juntos, follar entre nosotros y debatir de birreo sobre conciencia política, hegemonía, vanguardia y ahora, encima, centros de un tablero que ni sabemos dónde están. Decimos que no pero nos mofamos de la gente que no está politizada. Nos movemos en una comprensible rabia por el inmovilismo general pero a nivel práctico no hacemos nada para solucionarlo. Nos peleamos entre nosotros, la mayoría de veces sin sentido alguno, porque queremos dominar en los espacios políticos, perdiendo los objetivos mayores por el camino. Objetivos que ni siquiera hemos planteado bien. Nos definimos como comunistas, independentistas, anarquistas y otros -istas porque parece que haya que dejar claro “el palo del que vas” desde el comienzo, dando pie a los prejuicios. Colega, sabrás con quien comulgo cuando discutas conmigo; no necesito un puto cartel.

Hablamos como una burguesía que ha leído a Marx. Utilizamos palabras como “lumpen” para designar a ciertas personas de estamentos muy bajos de la sociedad con nula conciencia política. Yo lo he dicho, de coña en ambiente distendido pero lo he dicho. Y es un error. Actualmente, el que entiende el concepto de “Lumpenproletariado” no lo utiliza gratuitamente y mucho menos de forma descalificativa, a lo Pablo Iglesias / Nega. Eso sí, luego nos llenamos la boca con buenas intenciones y alardes de pedagogía pero la realidad es que la superioridad moral y pedantería nos traicionan. Una pedantería a veces protagonizada por gente que no ha pasado de la primera página de la Wikipedia. Y aunque haya pasado. Puedo haber entendido más teoría política, para que me guíe y pueda aplicarla, pero no soy más que tú por mi conocimiento. ¿Y los ensayos políticos en blogs y páginas web? Raro es el día que no me pierdo a mitad de un texto. Mi hermana pequeña entendería Principios del Comunismo de Engels como si fuese los putos Tres cerditos.

Señores y señoras con pendientes, rastas y zapas de Quechua: no hemos entendido la lucha de clases. Sino no se explica que al movimiento estudiantil, tan endogámico él, no se le ocurra que debe integrar a la gente que no puede acceder a la universidad. O que la presencia en los institutos sea ridícula. ¿Y por qué? No podemos siquiera concebir integrar a los de fuera de una estructura si no somos capaces de centrarnos y crear discurso entre los de dentro… Del mismo modo ocurre en otros movimientos.

No haremos nada hasta que dejemos de hablarnos a nosotros mismos. Arreglemos nuestros problemas de autoestima, va. Luego si eso socializamos el conocimiento, en lugar de dar lecciones y hacernos pajas en un bar pensando en “conquistar los barrios”, vaya tela de frase, y asaltar los nuevos Palacios de Invierno.