El legado nuclear tras Hiroshima y Nagasaki

11694850_1202571446435615_8672111091375885799_nMucho se ha hablado hasta la fecha de aquellos fatídicos tres días de agosto de 1945 en los que la administración Truman decidió tomar atajos bélicos cargándose a 120.000 personas en Hiroshima y 74.000 en Nagasaki, con dos bombas atómicas. Mucho se ha hablado y, sin embargo, la concienciación de los aliados contra el armamento nuclear es un eco residual que se tiende a ignorar tras velos de corrección política.

Para los que dieron la orden, las muertes directas, el caos vírgen que recogió John Hersey, las malformaciones, el cáncer y los abortos que causaron su gran obra son la representación pura del estilo hobbsiano de los americanos y cía de proceder en su política exterior. Nada extraño, realpolitik, y con mucho orgullo. Y así seguimos 71 años después. Según datos de 2015 del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) 9 países controlan más de 15.850 armas nucleares, lista encabezada por Rusia y Estados Unidos, el único país que las ha usado en guerra. Otros países que tienen armas nucleares permitidas legalmente por ser miembros VIP de la ONU son los colegas simpáticos de Europa Occidental: Francia, Gran Bretaña y China, que no mola tanto pero que hay que aguantarlo. Y luego están los traviesos, los países que las tienen prohibidas por el Tratado de No Proliferación de la ONU de 1968 pero que las tienen y punto en boca: Índia, Pakistan, Israel y Corea del Norte.

Pero todo no queda ahí: Alemania, Bélgica, Países Bajos y Turquía también están invitados a la fiesta, aunque sin asientos en palco (por ahora), almacenando armas nucleares norteamericanas en su suelo como parte de la política de Compartición Nuclear de la OTAN que, por cierto, tiene armamento nuclear desde 1955, con eso de garantizar la seguridad global. La resolución 687 de 1991 de las Naciones Unidas declaró las armas nucleares como armas de destrucción masiva junto con las armas bioquímicas y biológicas pero como quien oye llover. Quién iba a pensar que la ONU pinta menos en política armamentística que un rotulador Carioca tras pasar por las manos de una docena de críos…

Y cómo no, aquí no podía faltar el compa de la facultad con el que te llevas bien porque te pasa los apuntes: los bancos. Según el informe Don’t bank to the bomb de 2014 de la International Campaign to Abolish Nuclear Weapons (ICAN), más de 411 entidades financieras invierten en 28 empresas de la industria nuclear. Entre las principales empresas se encuentra Boeing, fabricador de misiles balísticos para EEUU desde 1958, Airbus/EADS, que sigue empeñada en proveer al Estado Francés misiles nucleares, y Generals Dynamics, que trabaja el campo de los submarinos nucleares también para los americanos.

El pasado 26 de junio el Centro Delàs d’Estudis per la Pau, publicó un currado informe en el que expone cómo 72 bancos españoles y entidades financieras extrajeras en territorio español financian armas, nucleares o no, así como instituciones públicas como el Instituto de Crédito Oficial (ICO) o la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) invierten en armas. Además, para exacerbar los ánimos, añade: “Los bancos, aseguradoras y empresas de inversión españolas han dedicado entre 2011 y 2015 casi 5.900 millones de euros al sector armamentístico; el resto de bancos, algunas de las grandes corporaciones internacionales de la banca, han desviado hacia el sector de las armas de racimo, nucleares y convencionales más de 74.000 millones de euros”. Entre los bancos españoles, BBVA y Banco Santander siguen partiendo la pana en primer puesto del Top 10. La élite de la banca armada. Felicidades, figuras.

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Centro Delàs d’Estudis per la Pau

Por si aún no se ha captado, este artículo no pretende hacer una llamada al optimismo, ni afirmar con más retórica y proyecciones pacifistas que datos que en los últimos años se han producido avances sustanciales en el camino hacia el desarme. Sí que es cierto que han disminuido en gran medida los arsenales nucleares pero las armas actuales son mucho más potentes que las de 1945. Una putada. Habrá que ver cómo entran en pugna las futuras voluntades políticas. Nadie dijo que esto fuese fácil como no lo es, disculpad el lenguaje, ninguna lucha.