Tenemos que ver Cuéntame

A mí me encanta Cuéntame cómo pasó. He crecido con esa serie desde que se estrenase en TVE en 2001. Me encantaba ver a una familia de clase media a priori normal, con sus problemas económicos y sus aspiraciones de grandeza pequeño empresariales en el desarrollismo de los años 60 y el boom económico y consumista. También el cambio de mentalidad respecto al papel de la mujer a través de los años con el debate sobre la violencia de género, el voto, la asistencia de la mujer a la universidad, las madres solteras y la separación, la píldora y la forma de enfocar la sexualidad. Especialmente me gustaban los capítulos en los que tenía lugar la persecución de la disidencia , las organizaciones en la clandestinidad, las manifestaciones y luchas estudiantiles en el tardo Franquismo que representaba la rebeldía de Toni Alcántara. No es que la representación de la oposición política fuese la más exhaustiva pero sí que era la más explicativa hacia un público no militante.

La serie también trató el atentado contra Carrero Blanco, la muerte de Franco, la expansión de la droga a comienzos de los 80 y el cáncer, el acoso y el abuso sexual y cómo la justicia ultra conservadora y sexista era (y es) reticente a creer a una mujer denunciante, a la que se le hace el juicio moral antes que el agresor, la vida en la cárcel, la dimisión de Suárez en Enero del 81, el Golpe de Estado del 23F y la llegada del PSOE al poder en 1982. Lamentablemente, que esto último se tratase no significa que se hiciese bien, igualmente que deja mucho que desear el tratamiento del declive de UCD y se ensalza el papel del rey en el 23F. Durante las últimas temporadas de la serie que coinciden con la llegada del Partido Popular al gobierno en 2011, la carga de representación sociopolítica del país ha ido menguando hasta ser anecdótica. No es que el PSOE sea a la práctica más progresista que el PP por mucho que su nuevo frame, Pedro Sánchez, lo intente divulgar, pero se nota la diferencia en la serie.

En cambio, se dedicaron durante toda una temporada a una infidelidad de Antonio Alcántara y cómo su matrimonio con Mercedes se iba degradando. Unas interpretaciones magistrales de Ana Duato e Inmanol Arias, todo hay que decirlo, pero la serie dejó de ser un retrato de la Transición para pasar a ser un burdo culebrón con un predominio del sexo y el affaire.

El pasado jueves 8 de enero la serie volvió con la nueva temporada y el capítulo Poco a poco y en ella tres focos de atención: la movida madrileña y su carga cultural, la situación del matrimonio Alcántara, y ETA. Especialmente ETA. Obviamente, era de esperar y así debe ser en tanto que es uno de los fenómenos más importantes de la Transición pero el cómo es esencial. Durante todo el capítulo se hizo énfasis en el terrorismo: “Nuestra joven Democracia cada vez más asentada no cesaba en su empeño de transformar el país de arriba a abajo. (…) Fue un tiempo en el que no había día sin un atentado, sin una bomba, un asesinato, o un secuestro. Como el que sufrió en aquellos días Diego Prado y Colón de Carvajal”, cuyos secuestradores están en el barrio de los Alcántara según la policía. Coño, siempre por medio. Eso sí, ni una sola explicación de los motivos políticos de la organización, que no significa una justificación, únicamente su trasfondo y motivación para optar por la vía armada. Primer sesgo brutal. Por otro lado, ni una mención a la ultraderecha del Batallón Vasco Español activo desde 1975 a 1981 ni al terrorismo de Estado del GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), pese a estar en 1983 cuando ya estaban en activo aunque no será hasta 1987 cuando Diario 16 lo comience a investigar. Ahora hay que esperar a ver si la serie se digna a mencionar alguna de los múltiples atentados hasta el 87 del GAL, y las continuas denuncias de torturas a presos vascos presentadas.

Cuéntame se propuso ser una serie que retratase la realidad político-social del Estado español hasta la fecha y lo ha conseguido. Que actualmente se omitan fechas relevantes, se ignore la actividad de partidos políticos minoritarios, el nacionalismo vasco y catalán, y que junto a ETA existió un GAL, es el fiel reflejo del tipo de Estado en el que vivimos, con unos de medios de comunicación que parecen panfletos. La serie no sólo hace un viaje al pasado sino que también hace un viaje al futuro de los Alcántara, nuestro presente, en tanto que muestra indirectamente en los 80 la situación de la política y los medios de comunicación de 2015 por lo que tenemos que ver Cuéntame cómo pasó. Si puede ser pirateado; no le demos audiencia.

En este punto, lo más gracioso es que tras el capítulo RTVE emitió el documental Los años del plomo de Ochéntame otra vez sobre las víctimas de ETA del que llama la atención la carga agresiva a día de hoy, en enero de 2015, con la banda sin actividad, frases como “el pueblo le pedía a Felipe González venganza”, y el Réquiem de Mozart como banda sonora. Creo que no hace falta explicar por qué.

Looking for ETA

Que los medios de comunicación manipulan y sesgan la información es algo de sentido común para ciertos entornos militantes o activistas, pero no para la gran parte de la ciudadanía, que no tiene alternativas informativas. La cobertura del movimiento antiglobalización en los años 90 demostró que los medios de comunicación en un inicio comenzaban a cubrirlo cuando se producían actos violentos, como los disturbios de Génova contra la cumbre del G8 en 2001 que acabaron con la muerte de Carlo Giulani por un tiro de un policía. Del mismo modo, los disturbios de Gamonal en Burgos el pasado enero o los 4 días de Can Vies en mayo tuvieron una amplia cobertura porque supusieron un problema público pero la cobertura, en sus inicios, se realizó haciéndose énfasis en la violencia (la de los grupos antisistema, no la policial) y no en las reclamaciones y el trasfondo político de los sucesos.

¿La prensa hegemónica en el Estado español cubre a los movimientos sociales? Sí. El 15M y la PAH fueron cubiertos de forma más o menos exhaustiva en el País, que se consideraba un periódico “progresista”, porque han conseguido representar a grandes sectores de una población en crisis. Ahora bien, ¿están dentro de las prioridades de la agenda? Pocas veces y siempre si el fenómeno es tan masivo que es rentable cubrirlo, tanto en términos económicos como electoralistas, como ocurre con la corrupción, en un país en el que la prensa tiene un gran arraigo a los partidos políticos con capacidad de formar gobierno. Según el sociólogo Manuel Castells, “la forma  en  que la  gente piensa  determina  el  destino  de las  normas  y valores  sobre los  que se construyen  las  sociedades.  Aunque  la coerción  y  el  miedo  son  fuentes  decisivas  para  que  los dominantes impongan su voluntad a los  dominados, pocos sistemas institucionales pueden durar demasiado si se basan de forma preponderante en una represión aguda. Torturar cuerpos es menos efectivo que modelar mentes.” (Castells, 2008: 2) Basándonos en este argumento se puede apuntar que los medios de comunicación son imprescindibles para mantener cierto status quo y reglas del juego políticas. Recordemos que los medios de comunicación, al igual que los partidos políticos y grupos de interés, forman frames, es decir, marcos de interpretación de la realidad a partir de enfoques de situaciones. Una palabra, un nombre, e incluso una coma construye.

Uno de los ejemplos más preeminentes en España que secunda este argumento es el intento de criminalizar todo movimiento social potencialmente desestabilizador mediante la relación de la organización armada ETA, actualmente en inactivo. En el ensayo Los Guardianes de la Libertad, de 1988, los profesores Noam Chomsky y Edward S. Herman expusieron que la información en Norteamérica pasaba por cinco filtros antes de ser publicada: La injerencia del capital, la necesidad de conseguir publicidad, las fuentes de información provenientes de agencia o instituciones, la represalias contra todo contenido que vaya contra los poderes políticos y financieros, y el anticomunismo como ideología. Según el ensayo, los medios de comunicación propugnaban el miedo al comunismo como enemigo social. Estos filtros son El Modelo Propaganda. (Chomsky y Hernan; 1988). Tras la caída del muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético, este filtro se vuelve más laxo, no obstante como expondrán posteriormente Chomsky e Ignacio Ramonet en su ensayo Cómo nos venden la moto, existe el recurso de inventarse enemigos y magnificarlos como el terrorismo internacional,  con  el  objetivo  de  que  el  “rebaño desconcertado”  no  le  de  tanta importancia  a  las  injusticias  e  incoherencias  de  su  propia  estructura  social,  y  se  entretenga criminalizando a los enemigos exteriores. (Chomsky, Ramonet; 1995). Eso no significa que el terrorismo no tenga importancia capital sino que se utiliza. Si se traslada la misma tesis al caso español podemos concluir que la necesidad de relacionar a los movimientos sociales con ETA se enmarca en el discurso del miedo para criminalizarlos y descentrar a la población de sus demandas económicas y políticas. Esto lo pueden llevar a cabo los miembros del sistema político[1] o los propios medios de comunicación como un actor más. Un ejemplo de esto último es el intento de Telemadrid de relacionar con ETA al nuevo partido político con capacidad de entrar en el sistema: Podemos. Para algunos muy escépticos, como una servidora, la progresiva rebaja del discurso de Podemos, el viraje hacia la socialdemocracia, se entiende en términos de neopopulismo, en tanto que quiere entrar en el gobierno y a todas luces realizar una reforma. Según Larry Diamond, la cultura política de un país son aquellos valores que permanecen en el tiempo y que determinan el comportamiento político de la ciudadanía. En España, dicha cultura es bastante conservadora por lo que si Podemos quiere entrar en el sistema debe suavizar su discurso ya que en sus inicios era bastante rupturista y existe el miedo al cambio, la sombra de la guerra civil porque, aunque sea una farsa a nivel democrático, los últimos 40 años han sido el periodo político más estable del Estado español. Ahora bien, dada la crisis política que ha provocado su surgimiento, es innegable que Podemos tiene capacidad de acabar con el bipartidismo establecido en la Transición, con el binomio PP-PSOE, por lo que para los medios más derechistas arraigados al sistema es necesario difamar a Podemos relacionándolo con ETA, aunque éste no vaya a desestabilizar el panorama político como sí lo haría si un Movimiento Social pro-ruptura si tuviese incidencia.

Sin embargo, cuando el frame sobre ETA ya no cuela existe el recurso de inventarse nuevas amenazas, como ha ocurrido con la detención la semana pasada de 11 militantes del movimiento libertario en el registro de Kasa La Muntanya, 7 actualmente en la cárcel, acusados de “terrorismo”, aunque no se conoce prueba alguna. La policía y la Audiencia Nacional ha catalogado el caso de “terrorismo anarquista” y los medios de comunicación han adoptado el concepto y han publicado titulares, es decir, han sucumbido a la terminología del poder político y judicial y han asumido los cargos. El País ni siquiera se ha molestado en entrecomillar las afirmaciones para resaltar que no son suyas. Recuerda a aquellos tiempos macabros en los que dicho diario autodenominado de izquierdas publicaba “ETA mata en Madrid”, tras el atentado de Atocha de Al Qaeda eL 11 de marzo de 2004, porque era la versión del gobierno de Aznar.

El periodismo de guerra, que no de conflicto

Según los enfoques analíticos de los conflictos armados presentada por el matemático Johan Galtung se puede cubrir un conflicto atendiendo a las reivindicaciones políticas de todas las partes o sólo de la parte del sistema, con una lógica de venganza y de la ganancia por encima de la resolución. En España, el conflicto vasco y la actividad de ETA en múltiples ocasiones, la gran mayoría, ha sido tratada por parte de las cabeceras “de referencia” con el recurso al sensacionalismo, la despersonalización y deshumanización de los presos vascos, de las víctimas del GAL y del Batallón Vasco Español, y con un relativismo brutal sobre los motivos políticos de las actuaciones de la banda.  Es decir, se ha optado por un periodismo de guerra. Se presupone que los medios de comunicación deben dar las claves a la ciudadanía para interpretar el mundo en el que viven. Si su enfoque es de periodismo de guerra, no contribuyen a resolver los conflictos y, por tanto, no ayudan al progreso de la sociedad. Entre otros factores, como el reconocimiento a todas las víctimas, que dejen de detener por indicios imaginarios, o que Otegi salga de la cárcel, el conflicto de ETA en el Estado español no estará superado hasta que los medios de comunicación no dejen de utilizar el discurso del miedo como arma política y electoralista.

Referencias

[1] Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, afirma que Ada Colau apoya a grupos proetarras:  http://www.publico.es/politica/452640/cifuentes-riza-el-rizo-y-vincula-a-la-plataforma-de-afectados-por-la-hipoteca-con-eta

CASTELLS, Manuel. Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red (I). Los medios y la política. A: Telos, 74, 2008

CHOMSKY, Noam; HERNAN, Edward. Los guardianes de la Libertad. Ed. Crítica, 1988

CHOMSKY, Noam; RAMONET, Ignacio. Cómo nos venden la moto. Información, Poder, y Concentración de Medios. Icaria, 1999