Lenguaje posmoderno y otros males de los movimientos sociales

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Vamos a ver. Yo entiendo que un movimiento social es una respuesta desde grupos de la sociedad civil organizados a un sistema político y/o económico que no les satisface en alguna de sus variables. O en la mayoría. O en todas. Depende de la concepción de cada uno de la política. Estos grupos intentan divulgar unas ideas alternativas a las establecidas y que éstas calen en un grupo mayor (véase pueblo, véase ciudadanía), es decir, crear discurso e incitar y promover acciones que cambien el orden social establecido.

Estos movimientos pueden provocar cambios sociales pero a su vez algunos cambios sociales pueden provocar el surgimiento de estos movimientos. Para que una reivindicación se convierta en movimiento social debe sostenerse en el tiempo durante un periodo variable y provocar huellas en el sistema político; no puede desaparecer a los dos días de comenzar, sino es una simple movilización. Un ejemplo de autodenominado movimiento que, pese a contribuir a la crisis política del Estado español, no se sabe si es movimiento es el 15M de 2011 proveniente de una pérdida de legitimidad del sistema representativo. A la práctica, un movimiento social es por fuerza mayor el reflejo de una contraposición de intereses. Es decir, de un conflicto.

A principios del siglo XX, el movimiento social por excelencia fue el Movimiento obrero. Su aparición se dio en un momento histórico en la que las necesidades materiales para una vida digna no estaban cubiertas y las reivindicaciones eran en base a la clase social y la relación con el sistema productivo. Es un movimiento basado en la fuerza de trabajo y lo que se obtiene de vender la misma porque no se controlan los medios de producción.

El Movimiento obrero nunca se ha desarticulado ni ha dejado de tener sentido pero partir de los años 60 y 70 algunos autores comenzaron a catalogar “otro tipo” de movimientos sociales que estaban surgiendo como los Nuevos Movimientos Sociales. Se presupone que estos NMS no están ligados a una reivindicación de clase sino a niveles de bienestar, identidad, nacionalidad, género, etc., como son el movimiento feminista (en su faceta moderna), el ecologista, el movimiento okupa, el movimiento estudiantil, el movimiento por los Derechos Civiles en EEUU, el antimilitarista o el antiglobalización que reclama un mayor reparto de la riqueza y justicia social. Se entiende que son movimientos ligados a una supuesta ‘clase media’ emergente con ciertas comodidades. Un ejemplo paradigmático de estos movimientos en Europa es el Movimiento de Mayo del 68 en Francia contra la sociedad de consumo, iniciado por los estudiantes, que acabó con la mayor huelga hasta el momento del país en el momento en el que se unieron otros sectores como el Partido Comunista Francés y los obreros (dato importante: la relevancia se adquiere cuando se implica los sectores económicos). Al mismo tiempo coincidieron los procesos de descolonización de África y América Latina.

Otros movimientos que surgieron a partir de entonces son el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, el Movimiento de los Parados Franceses, o el movimiento británico de propiedad comunal Reclaim the streets. El principal objetivo de los mismos ya no es la revolución con respecto al orden social, como sí lo es en el movimiento obrero en su sentido radical, sino rebelarse contra temas concretos que suelen considerar innegociables. Y esto ocurre dentro de un sistema socialdemócrata. La forma de organizarse usualmente es horizontal y ubicua, con organizaciones afines que teóricamente no los monopolizan y, por definición, apartidista.

Tras el boom económico de los años 90, con la llegada de la crisis económica y después de un periodo de cierta desmovilización, el movimiento obrero ha cobrado de nuevo relevancia entre el conjunto de población no politizada ya que derechos que se creían asegurados, como un salario “digno” y una regularización de las condiciones de trabajo, se están perdiendo progresivamente.

En este punto, a mí me gustaría, si me lo permitís, enviar a la mierda el concepto de ‘Nuevos Movimientos Sociales’. Entiendo que su surgimiento es posterior al auge del obrerismo y sus reivindicaciones heterogéneas y, a corto plazo, diferentes. Es cierto que no es posible enclaustrarlos en un marco de análisis puramente productivista. No obstante, no puedo entender que se los desligue conceptualmente en su totalidad de la reivindicación de clase, como si no tuviesen nada que ver. La conciencia social no puede separarse de las relaciones de poder de una sociedad, es decir, de la estructura económica.

En primer lugar, si consideramos que los niveles básicos de “bienestar” económico (que repercuten en el resto) funcionan en base a las relaciones dentro del propio sistema económico, se puede concluir que no es posible hacer una dicotomía entre la mayoría de estos nuevos movimientos y las reivindicaciones de clase. ¿Hay un conflicto entre diversos estamentos de la sociedad en el movimiento estudiantil? Sí, ¿o todos tenemos el acceso a la educación garantizado? ¿El movimiento alterglobalización a qué se opone? Exacto, a la globalización, ergo capitalismo “salvaje” globalizado, por tanto…desigualdades sociales. ¿Y las desigualdades sociales qué conllevan/necesitan? Lucha de clases.

En segundo lugar, ¿el machismo está ligado al sistema económico actual? La violencia que se ejerce contra las mujeres en un sistema patriarcal es estructural, simbólica (cultural) y directa (visible). Eso significa que no es necesario que me den una hostia o me insulten para que me agredan, sino que la violencia está impregnada en los discursos predominantes sobre las mujeres y en las prácticas, sean de acorde a la ley o no, que niegan necesidades básicas para mi desarrollo. Actualmente esto existe como parte del sistema capitalista y fuera de él, si es que podemos hablar de algún sistema actual no contaminado por algunas de las lógicas capitalistas (amplios sistemas), que lo dudo. Ahora bien, es innegable que la maquinaria del sistema capitalista exacerba el machismo hasta límites inimaginables porque su capacidad de control sutil es total: economía/salario, leyes, publicidad y consumo y su base: propiedad privada.

El que piense que puede tenerlo todo a su alcance también puede poseer a los demás, ergo someter. Por lo tanto, por mucho que haya gente que las pretenda separar, la lucha de género integral no se entiende sin lucha de clases y la lucha de clases no se entiende sin lucha de género porque no puedes emancipar una clase social permitiendo una opresión de una de las partes sobre la otra. Es totalmente contradictorio. Y a menos que se deconstruyan privilegios patriarcales, esto podría ocurrir en un supuesto sistema socialista ya que se proviene de un sistema opresor que hemos interiorizado. Por cierto, la primera generación de la RAF estaba compuesta por más mujeres que hombres y su miembro más reconocido, por encima de Andreas Baader, es Ulrike Meinhof. Que me digan que parte del feminismo de los años 70 no está ligado a la lucha de clases, como lo estuvo el feminismo de Zetkin, Luxemburgo o Kollontai 55 años antes.

En conclusión, el problema no es la existencia de estos movimientos sociales. El problema es la forma de denominarlos porque el lenguaje construye y confunde. Llamarlos “Nuevos movimientos sociales” omite el componente de lucha de clases que tienen, motor de la historia. Es un concepto posmoderno, cuando sus orígenes no lo son. Y es cierto que la mayoría de ellos van ligados al ascenso de la falacia del “Estado del bienestar”, es decir, a la llegada de la posmodernidad y que suponen una “evolución” en las reivindicaciones sociales a corto plazo”. Pueden conseguir mejorar algunos aspectos pero no acabar con el sistema a menos que entiendan y asuman que en socialdemocracia la ruptura no es posible ya que es un modelo, por definición, paternalista, reformista y capitalista. Y hay anticapitalistas dentro de los “NMS”, es decir, que propugnan dicha ruptura. Y yo, como parte de ellos, me siento insultada.

Un sistema capitalista puede asumir perfectamente un nuevo Estado liberal, un machismo con igualdad salarial y una política basada en consultas ciudadanas. Si el 15M no llegó a más es porque se perdió la perspectiva de clase entre tantas batucadas.

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El antimilitarismo feminista en los 80. ¿Lucha olvidada?

A comienzos de la 1ª Guerra Mundial, Rosa de Luxemburgo promulgó que militarismo, armamentismo, y colonialismo eran los tres recursos que utilizan las clases dominantes para perpetuar una sociedad desigual e injusta. Luxemburgo escribió que los ejércitos eran una herramienta de control social y el militarismo una de las formas más cruentas del capitalismo. Eso no significa que fuese una antibelicista ya que se posicionó a favor de la existencia de milicias populares, es decir no era una pacifista como tal, sino una teórica crítica con las estructuras militares y la cultura de la guerra. Así pues, uno de los principales referentes del Movimiento por la Paz y antimilitarismo de las últimas tres décadas es una mujer y marxista. En 1889, sin embargo, la escritora y pacifista Bertha Von Suttner ya criticó en su novela ¡Abajo las Armas! la cultura del militarismo, la virilidad ligada a los actos bélicos, y la complacencia de la iglesia con los actos guerra. Posteriormente, numerosos grupos de mujeres continuarán sus legados.

Es 1988. 1ª intifada palestina. Un grupo de mujeres salen a la calle a protestar contra la ocupación y anexión de los territorios palestinos por el Estado de Israel en un clima de rebelión. Fortaleza y resistencia. Ellas fueron el antecedente de la Red de Grupos de Mujeres de Negro contra la guerra. Cuando estallaron los conflictos de la antigua Yugoslavia grupos de mujeres contra la guerra comenzaron a movilizarse de forma organizada en diversos lugares del mundo. En 1990, se realizó el primer encuentro de la Red de Grupos de las Mujeres de negro en Novi Sad. Este grupo pretende mostrar desde la perspectiva femenina las guerras dado que las mujeres no sólo son protagonistas en tanto que mantienen la estructura económica de los países en conflicto y se encargan de cuestiones como la cura de heridos, sino que son las principales receptoras de la violencia sexual. “Las organizaciones de mujeres han catalogado las agresiones sexuales masivas y sistemáticas contra las mujeres como arma y estrategia de guerra, ya que son planificadas y utilizadas por dirigentes políticos, ejércitos y grupos paramilitares para humillar, desmoralizar y debilitar la capacidad de resistencia de las mujeres y del resto de la población del bando enemigo, y así demostrar su poder y capacidad de dominación sobre ellos.” (Prat: 2008)

Así mismo, dicha red de mujeres promueve el diálogo entre las mujeres de todas las partes de un conflicto, la participación femenina en juicios de guerra, la concienciación contra la guerra y participación en foros, convenciones, y concentraciones de toda índole por la paz. En la red participan mujeres de conflictos como el de Kosovo, Palestina y Colombia, entre otros.

El antimilitarismo feminista

Cabe destacar que a partir de los años 80 surgieron numerosos grupos feministas y antimilitaristas bajo la idea de que las mujeres debían tener espacios de discusión sobre cuestiones propias que les atañen dentro de los conflictos y la lucha por la paz, como en otros nuevos movimientos sociales. Nos situamos a finales de la guerra fría y la preeminente entrada en la OTAN de países como España. Sin embargo, uno de los principales puntos que desencadenaron el movimiento fue la inserción de la mujer en los ejércitos. En 1978, el Partido Socialdemócrata de la RFA impulsó un proyecto de ley que permitía a las mujeres entrar en el ejército. 45.000 mujeres salieron a la calle bajo la proclama de “Las mujeres en el Bundeswerh? Nosotras decimos NO”. A partir de los 80 se formaron grupos por la paz en Múnich, Hamburgo y Bonn. El mismo año en Dinamarca se formó la campaña “Llamamiento de las mujeres por la paz” que en poco tiempo recogieron 50.000 firmas a favor del desarme. A partir de entonces otras ciudades del mundo imitaron el ejemplo. En 1982 surgieron grupos también en la RDA. Pese a que a priori podría parecer que dicha integración era un avance de la igualdad de género, a la práxis proliferan las agresiones sexistas y se ratifica la estructura machista y jerárquica del ejercito, cuerpo de imposición pura y dura. “En todos los ejércitos donde se había incorporado la mujer las discriminaciones que sufrían eran permanentes (no accedían a puestos de mandato relevante, desempeñaban tareas secundarias, no las dejaban entrar a combate…) y las violaciones eran una constante, en la mayoría de casos en un porcentaje mayor que en la vida civil.” (Prat: 2006: 200)

El 28 de agosto de 1981, 40 mujeres y 4 hombres salieron desde Cardiff caminando hasta la base militar de Greenham Conmon donde previsiblemente se iban a instalar 96 misiles nucleares norteamericanos Cruise. Tras diez días de marcha de activistas de todas partes de Gran Bretaña,  llegaron a la base y el 5 de septiembre 4 mujeres se encadenaron a la verja de la entrada principal acompañadas de 39 personas la misma noche. Esa acción dio fruto al Campamento de Mujeres por la paz de Greenham que decidió permanecer delante de la verja hasta que el gobierno decidiese no instalar los misiles. En febrero del 82 el grupo decidió que la acampada seguía únicamente con mujeres.A partir del 83 cuando llegaron los misiles ampliaron las reivindicaciones, como la salida de GB de la OTAN, y las formas de acción como la obstaculización de obras para impedir la instalación de los misiles tumbándose delante de las excavadoras. En enero de 1984 se contó con una participaron de entre 200 y 300 mujeres entre los 17 y 70 años.  El 28 de agosto de 2001 el campamento se disolvió. Llegaron a ver 14 campamentos en toda GB, normalmente mixtos, así como una réplica de Greenham Conmon en La Ragnatela (Sicilia). Todas sus acciones directas fueron no violentas y los 20 años de lucha han quedado para la historia como un icono del movimiento feminista por la paz.

El movimiento en Cataluña en la década de los 80

En Cataluña, durante la campaña impulsada por el gobierno de entrada a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, 35 grupos de mujeres firmaron el manifiesto “Las mujeres decimos NO a la OTAN”. Cabe destacar que en 1981 se había formado el Comité de Dones Feministes Anti-OTAN que publicó en la revista Dones en Lluita un manifiesto en contra de la incorporación a la organización bélica. En mayo de 1982, se celebraron las II Catalanes de la Dona en las que participaron alrededor de 1000 mujeres y en las que se criticó el previsible ingreso de España en la OTAN. En noviembre de 1983 un grupo de mujeres reunidas en un cine feminista formaron el colectivo Dones Antimilitaristes (DOAN) que participaron regularmente en coordinadoras pacifistas como CCOP. DOAN se opuso a la entrada en la OTAN, a la inserción de la mujer en las fuerzas armadas, y dio apoyo a las mujeres de Greenhan Conmon. El 24 de mayo de 1984, se celebró el Día Internacional de las mujeres por la paz y el desarme y esa misma noche acamparon en la plaza de Felip Neri. A partir del entonces las movilizaciones fueron constantes. Es destacable la acampada de mujeres antimilitaristas en Begues de 1988 en la que denunciaron que el Parque Natural del macizo de El Garraf tuviera un campo de tiro del ejército y un vertedero de basura.

En este punto se hace necesario apuntar tres tipos de participación de la mujer dentro del movimiento antimilitarista catalán: la organización en grupos independientes antimilitaristas como DOAN, la participación de mujeres jóvenes en grupos feministas concienciados en el movimiento por la paz, como Eix Violeta de Barcelona, y la participación de mujeres en movimientos mixtos como el Movimiento de Objeción de Conciencia al servicio militar obligatorio, los Mili KK, o el colectivo En Pie de Paz.

Entre las principales críticas del movimiento antimilitarista feminista se encuentra:

– La oposición a la entrada en la OTAN

– La crítica a la entrada de la mujeres en las Fuerzas Armadas

– La crítica a los exacerbados gastos militares

– La oposición al rearme y a la educación militarista

– El sexismo y el belicismo del lenguaje e imágenes televisivas

Los grupos de mujeres antimilitaristas de los años 80 han quedado como un referente de desobediencia civil pura y dura. Convocaron congresos, manifestaciones, acampadas, se encadenaron, etc., pero también pidieron la insumisión fiscal a los presupuestos de defensa, la no inserción en el ejército, y la objeción de conciencia, entre otros. Cabe esperar que en momentos de una beligerancia mundial que no se había visto desde la Guerra Fría surjan nuevos grupos de mujeres junto a los ya existentes dentro del Movimiento por la Paz que cooperen con los grupos mixtos  ya que no se debe olvidar que las mujeres en los conflictos armados tienen reivindicaciones propias como la lucha contra el patriarcado, sexismo y las agresiones continuadas, algo que no conoce de fronteras.

Referencias.

Prat, Enric. Mujeres por la paz frente a la guerra y el militarismo. CEIPAZ. 2008

Prat, Enric. Moviéndose por la paz. Hacer Editorial. Barcelona, 2006.