Lenguaje pedante: una cuestión de clasismo

Hay compas que me preguntan : “¿por qué metes tacos en algunos textos junto a palabras cultas?”  Normalmente no me lo pregunta gente ‘neutra’ en su forma de expresarse sino aquellos que su escritura está revestida de un barroquismo infumable y les molesta la ‘vulgaridad’. Yo creo que la pregunta es: “¿por qué no?”

Una cosa es el uso indiscriminado y gratuito de lenguaje soez cada dos líneas. Ensucia. Pero si yo digo “hostia” entre exclamaciones en medio de un escrito (que no es un ensayo académico) y no se rompe la armonía del mismo, ¿cuál es el problema? El lenguaje coloquial, el vulgar y las jergas forman parte de la vida real. De la calle. Del barrio. El lenguaje rebuscado, el narcisismo lingüístico, la ultra adjetivación, no. Es clasista. Me atrevería a decir que gran parte de la peña que intentamos escribir hemos pecado de estos estilos pedantes y desnaturalizados al comienzo de nuestra trayectoria. Yo a los 17 años era inaguantable. Cuantos más ‘palabros’ metía en un texto más me crecía y, al final de la lectura, ni siquiera yo recordaba qué había querido decir. Mucho menos los demás. Mi madre me miraba como si tuviese acidez de estómago cuando le preguntaba con manifiesta ilusión “¿te gusta?”. Lo jodido es que alguien con 50 lo siga haciendo. Coger un diccionario y fusilar 15 cultismos en dos frases no es escribir ‘bien’ y rara vez eso consigue conectar y despertar emociones. El rock y el rap lo entendieron a la primera. La universidad, no. 

Otro tipo de clasismo es el que protagoniza la nueva generación de politólogos aspirantes a políticos que deciden epatar con el lenguaje y/o las construcciones sintácticas. Obviamente no van a meter tacos en sus discursos, que está mal visto, pero se van al otro extremo. Nada de registros manejables. No llegan a ciertos estamentos de la sociedad. Y no me extraña. ¿Si yo estoy todo el puto día pensando en cómo sobrevivir voy a escuchar a alguien que parece salido de una película de Ciencia Ficción? No. La auto-y-denominada ‘clase media’, falacia como un piano, vuelve a sentir los problemas de la clase obrera. Y la clase obrera, que somos la mayoría, no tenemos ganas de mirar cómo os hacéis pajas con un diccionario.

Por cierto, para militantes motivados que caen en la superioridad moral, como yo: no hay que “conquistar los barrios” porque nosotros somos el barrio.

En defensa del periodismo narrativo


Según el propio Shakespeare no hubo historia de amor más triste que la que sesgaron las espadas de los Montesco y los Capuleto. Yo tengo otra.

Lamentable. Se supone que en la era periodística actual, la información debe ser clara, concisa, y en la medida de lo posible imparcial y objetiva. Las noticias tienen que responder a la estructura de pirámide invertida (organización de datos de mayor a menor importante), y contestar a las preguntas Qué, Quién, Dónde, Cuándo, Cómo, Por qué, paradigma establecido por el sociólogo Harold Lasswell a partir de 1948, momento de eclosión informativa dada la beligerancia mundial. Este prototipo de organización de la información ha conllevado una objetivación de la realidad que no deja lugar apenas para la interpretación utilizando un lenguaje lo más neutro y simple posible, exento de cualquier matiz y, por ende, reflexión, delimitando las fronteras entre información real y ficción a base de dejar la narración literaria para la segunda. No obstante, a partir de los años 60 del siglo XX, diversos periodistas y autores comenzaron a cuestionar el asentamiento de cátedra de este tipo de forma narrativa estructurando textos en los que incluía narración literaria, descripción minuciosa, retrato, e incluso ficción, aunque la combinación ya se había practicado anteriormente. El punto de partida de este tipo de periodismo denominado “New Journalism” se fija en la novela A sangre fría (1966) de Truman Capote, que mezcla un asesinato real de un granjero y su familia de Kansas en 1959 con la forma narrativa de la novela realista. Junto a Capote, Norman Mailer está considerado el promotor principal de esta nueva forma de periodismo.


Autores como Albert Chillón en su manual Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas, hacen una definición de los distintos géneros que hasta la fecha han caracterizado a la redacción periodística y a la tradición literaria. Entre ellos, el ensayo se estructura como una forma de desgranar la realidad interpretando unos hechos constatados, relacionándolos con el conocimiento asentado a priori, y reflexionando sobre ellos. Por otro lado, las biografías y los retratos representan la vida de un sujeto de relevancia descrita de forma literaria para hacer armónica la sucesión de hechos reales. Por su parte, las crónicas de viajes que recibieron su impulso con la eclosión del movimiento romántico también aunaban la realidad y la ficción sin delimitar la línea.


Todos estos géneros tienen una función expresiva por medio de su forma de narrar ya que “el lenguaje no sólo nombra y designa, sino que alude y sugiere. No es sólo concepto racional sino imagen y sensación” (Chillón, 2002: 35) A finales del siglo XIX, periodistas-literatos como Theodor Dreiser comenzaban a hacer escuchar la posibilidad de mezclar la ficción y la realidad. A comienzos del siglo XX empezaron a surgir reportajes en forma de novela de la mano de John Reed con México Insurgente en 1914 en la que narraba la revolución mexicana encabezada por Emilio Zapata, poniendo los antecedentes de lo que sería el gran reportaje novelado de comienzos del siglo XX, caracterizando a los personajes. En 1937, George Orwell narrará en su obra El camino de Wigan Pier las condiciones sanitarias de los mineros ingleses de la época. Escritores como Hemingway acabaron escribiendo en periódicos como Times y Vogue crónicas y reportajes que posteriormente utilizaron para escribir piezas literarias. Otros escritores y cronistas como el catalán Josep Pla y el ruso IIya Ehremburg también realizaron esta hibridación en las primeras décadas del siglo.


Como se ha apuntado anteriormente, la llegada de los años sesenta y los nuevos movimientos sociales y culturales de la época conllevará el cuestionamiento de las formas de narrar predominantes hasta la fecha. Una nueva generación de escritores acabara conformando la denominada corriente del Nuevo periodismo norteamericano. Entre las principales características de un grupo que no acabó siendo un movimiento por su heterogeneidad se encuentran el rechazo a la retórica de la objetividad, que a la hora de la verdad no era tal, y a las formas de narrar convencionales. “Tenían en común dos rasgos esenciales: por un lado el rechazo abierto a las técnicas, rutinas y formas dominantes en la prensa escrita de los Estados Unidos durante la década de los sesenta; y por otro, la incorporación de procedimientos de escritura propios de la novela realista y, en menor grado, de otros géneros literarios, tanto testimoniales como de ficción.” (Chillón, 2002; 223)

Para Tom Wolfe, uno de los periodistas más reconocidos de la nueva corriente, “en aquella época, a mediados de los años sesenta, uno sólo era consciente de que de repente había aparecido una especie de excitación artística en el periodismo y que aquello era algo nuevo en sí mismo.” (Wolfe; 1973) Según Chillón, estas nuevas formas narrativas del periodismo en sus inicios fueron consideradas información poco relevante, relegadas a las secciones de opinión y soft news (noticias blandas), de poco interés. Otros nuevos periodistas destacados fueron Oriana Fallaci y Manuel Leguineche. Por su parte, en la misma época se crea el icono del Periodismo gonzo de mano de Hunter S. Thompson. 


Dentro de la tradición periodística europea, durante el último tercio del siglo XX surgieron numerosas publicaciones que contribuían a la tradición literaria: suplementos culturales de diarios como The Times o magazines de cultura como Ajoblanco, El Europeo, o Rolling Stone. Como periodista de forma literaria destaca Ryszard Kapuscinski en cuyas piezas combina ensayo y poética, siempre con una sólida base documental. (Serrano; 2011) Dentro de las corrientes europeas que giran hacia el periodismo de investigación, es decir, al afán por mostrar datos ocultos sin juzgar, otro de los periodistas que destacan es Günter Walraff por la realización de investigaciones periodísticas a partir de la infiltración en conflictos y situaciones de vulneración de derechos humanos durante años, transformando su identidad. Estas investigaciones acaban en publicaciones de novelas como Cabeza de Turco (1985), sobre la discriminación y xenofobia en la Alemania occidental, experimentadas en diversos trabajos entre ellos en una fábrica fundición Thyssen. “Los procedimientos de trabajo y escritura de Günter Wallraff son un excelente ejemplo de fusión entre la actitud y las técnicas propias del periodismo de investigación y los recursos de composición y estilo acuñados por las tradiciones, netamente literarias, del relato de experiencias y la narrativa realista.” (Chillón, 2002: 317)

Dentro de la tradición periodística española, el nuevo periodismo comenzó a tener lugar en la transición política con el surgimiento de revistas como la Cartelera Turia, Fotogramas, Ajoblanco o Serra d’Or. Periodistas de esta tipología destacan Manuel Vicent, Monserrat Roig, o Maruja Torres. Todos ellos pretendían reivindicar la figura del periodista como un intelectual que interpreta y explica una realidad compleja por lo que había que utilizar de forma expansiva el lenguaje. Según Albert Chillón, “para los nuevos periodistas españoles la voluntad de estilo ha obedecido no a un simple embellecimiento u ornamentación hueros, sino a la convicción de que sólo una escritura estéticamente ambiciosa puede ser una escritura éticamente responsable.” (Chillón, 2002: 359)

Cabe nombrar que numerosas novelas de ficción han tenido como objeto retratar realidades sociales reales a lo largo de la historia. Ejemplos de combinación de realidad y ficción son la novela realista por antonomasia Madame Bobary, de Gustave Flaubert, sobre el romanticismo burgués del siglo XIX, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, sobre la decadencia de la sociedad victoriana también en el siglo XIX, Servitud de Joan Puig i Ferreter, sobre la prostitución del periodismo en la Barcelona de los años 20, o Scoop de Evelyn Waugh, sobre la decadencia del periodismo de corresponsalía británico de los años 40.

Sin embargo toda esta tradición en los últimos años se ha menospreciado. Se considera la objetividad aquella luz que debe guiar al mundo, y se desarrolla una retórica falaz en torno a esta idea ya que depende de cómo se priorice la información ya te estás posicionando, jerarquizando, dando relevancia o quitándosela a unos hechos, aún sin utilizar ningún adjetivo. Como dice el profesor Xavier Giró, “es un acto de cinismo brutal”. Y todo el discurso se olvida cuando el periodismo político se convierte al sensacionalismo y panfletarismo con titulares como “Todo el país contra ETA” de El País en 1997, y aún así se vende como hechos objetivos y no opiniones de unos medios de comunicación serviles y manipuladores. La literatura, la expresividad, han sido relegadas a las columnas de opinión y por lo general no tienen cabida en los reportajes, aún cuando el lenguaje construye, como se ha apuntado anteriormente. El periodismo de datos se ha alzado como garante del rigor obviando la información y los matices que puede otorgar la narración de una historia. Sin embargo, existen medios como  Gato Pardo, Som Atents o Jot Down que actualmente reivindican no sólo la posibilidad sino la necesidad de hacer buen periodismo con la descripción de detalles, la narración de historias, y el uso de los recursos de la literatura para conseguir transportar al lector a las situaciones descritas en pro de la comprensión y la emoción, que no son excluyentes. 

“He esperado casi un mes pero nada, en Italia nadie dice ni pío. A veces en los países se dan extraños y unánimes silencios colectivos que en realidad dicen mucho. Sin ir más lejos lo hemos visto estos días en España con la abdicación del rey, sin que nadie en los grandes medios diga nada medianamente crítico. Sobreviene una especie de hipnosis general de responsabilidad o temor institucional. En el caso de Italia me refiero a algo más grave, la condena definitiva a siete años de cárcel de Marcello Dell’Utri por sus relaciones con la Mafia y por ser durante dos décadas el enlace de Silvio Berlusconi con la cúpula de Casa Nostra.”  Crónicas de la mafia. El gran silencio sobre Berlusconi. 

 

Chillón, Albert. Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas. Barcelona. Ed. Aldea Global. 2002.

Serrano, Pascual. Contra la neutralidad. Madrid. Ed. Península. 2011

Wolfe, Tom. Nuevo Periodismo. 1973. Barcelona. Ed. Anagrama. 1977.

Wolfe, Tom. La Izquierda exquisita & Mau-mauando al parachoques. Barcelona. Ed. Anagrama. 1973.