Conflicto en Gràcia, una cobertura sesgada

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¿Qué tal estas últimas noches haciendo running por Gràcia? Bien, ¿no? Gimnasio de gratis.

Uno de los factores que más se han criticado de las tres noches de disturbios y cargas policiales en Gràcia por el desalojo del Banc Expropiat, ha sido, sin duda, la cobertura mediática de algunos medios generalistas. Véase TV3, véase la Vanguardia o El Mundo.

Usualmente, como periodista (y mucho menos como activista) no espero una cobertura exhaustiva y de un rigor potente por parte de este tipo de medios sobre la violencia política. Sí, violencia política. Porque los disturbios de Gràcia son motivados por causas políticas y con objetivos políticos: comunicar un conflicto y disputar a las instituciones el reconocimiento de una propiedad para el barrio que se considera legítima, un centro que además hacía actividades políticas y aglutinaba diversas ideologías. Todo ello en un marco de disputa política permanente. Estructural. Independientemente de valoraciones éticas, estés de acuerdo o no, tiene explicación política, colega, y se debe tratar como tal.

Dedicar un par de líneas a explicar las reivindicaciones de dos mil personas y tres párrafos recreándose en la violencia callejera, con imprecisiones, generalizaciones y asunciones ideológicas, es una despolitización brutal del conflicto. Es un sesgo que omite información y criminaliza a una de las partes, con lo cual la ciudadanía no tiene toda la información necesaria para poder valorar si aprueba o no lo que ocurre, hacerse preguntas y/o replantearse esquemas. Es un “error” equiparar la violencia de Gràcia al vandalismo común de unos guiris liándola tras un partido de fútbol, sin explicar los orígenes del conflicto. Esto es lo que han hecho los medios de masas con respecto a esta situación, como de costumbre. Es lo que vende titulares, más allá de sus filtros políticos.

Este fragmento de La Vanguardia me encanta: “Es fácil detectar a los radicales violentos porque actúan como si hubieran recibido instrucción militar”. Fiiirmes.

En este sentido, no se ha dado voz a todas las partes del conflicto. Si bien es cierto que no siempre es fácil acceder a determinados círculos y que el “¡no grabes!” está a la orden del día, tampoco parece que los medios hayan mostrado mucho interés en compensar partes. En cualquier conflicto político, para poder entenderlo y avanzar hacia una resolución, todas los implicados deben tener oportunidad de expresarse, como Jané o Colau, y debe existir un equilibrio. En el mismo sentido, según El País, los vecinos están en contra de los disturbios porque sus testimonios, aquellos que han entrevistado, así lo aseguran. ¿Dónde están los vecinos que la tercera noche apoyaban la protesta desde los balcones, triplicándose en número respecto las noches anteriores? En cuanto a los heridos, las cifras que los medios han priorizado son cifras policiales, que son una de las partes activas del conflicto. Y muy activas. ¿Los 19 manifestantes heridos de la segunda noche no deberían estar en el titular como los Mossos, TV3? Cierto es que luego lo han corregido en otra noticia, tras recibir diversas críticas en las redes. Sin título

Siguiendo en esta línea, los medios han minimizado y relativizado la actuación policial de la Brigada Mòbil (BRIMO). Stop victimismo. Si la lías, te la juegas y lo asumes, más allá de que la violencia policial ha sido desmesurada en todos los casos, y de que la integridad física está por encima de cualquier altercado contra containers y vidrios. Pero debería ser de denuncia de primer orden que los Mossos le abran la cabeza a manifestantes “rasos”, agredan a periodistas y disparen a los balcones porque los vecinos aporrean cazuelas. Esto algunos medios como El País o El Mundo, en términos generales, no lo han explicado más allá de permitirme la corrección política de informar de “duras cargas policiales”.  Por contra, se enfatizan las supuestas heridas leves de los agentes de policía (¿tendiditis?). Algunos titulares, elemento informativo primordial, que no hablan de la grave actuación policial y en, algún caso, incluso los victimiza:

  • Los Mossos avisan que volverán a actuar “con firmeza” en caso de nuevos disturbios en Gràcia (La Vanguardia, 24/5/16)

  • Seis mossos heridos en el reintento de reocupación del Banc Expropiat (El Mundo, 24/5/16)

  • Sis mossos ferits lleus i diversos contenidors malmesos en la segona nit d’aldarulls a Gràcia (Diari Ara, 25/5/16)

  • Tercera noche de altercados en Gràcia pese al blindaje policial (El Periódico, 26/5/16)

  • Gràcia, la ratonera de los mossos (El Mundo, 27/5/16)

Todo esto nos traslada a la corriente de investigación del Análisis Crítico del Discurso (ACD) del lingüista Teun Van Dijk. Según este enfoque los discursos son ideológicos y construyen la realidad social, al mismo tiempo que son construidos por la misma. Los discursos de los medios, como actores con intereses propios, pueden dirigirse a establecer o reforzar formas de dominación social. Mediante el lenguaje, la priorización, la jerarquización de la información y las voces que aparecen en las piezas informativas, entre otros. O no.

“El análisis crítico del discurso es un tipo de investigación analítica sobre el discurso que estudia primariamente el modo en que el abuso del poder social, el dominio y la desigualdad son practicados, reproducidos, y ocasionalmente combatidos, por los textos y el habla en el contexto social y político. El análisis crítico del discurso, con tan peculiar investigación, toma explícitamente partido, y espera contribuir de manera efectiva a la resistencia contra la desigualdad social”. (Van Dijk, 1999, pág. 23).

Según afirma el profesor Xavier Giró, Van Dijk ha establecido el análisis del discurso a partir de lo que identifica como Cuadrado ideológico, que viene a ser un gol por toda la escuadra a la ciudadanía mediante una manipulación sutil, que en muchos casos no requiere de un lenguaje panfletario ni mentir ni manipular imágenes al estilo de ABC.

“Para legitimar su posición, los actores intentan que el discurso —el suyo y el de los medios— se despliegue siguiendo las líneas de lo que Van Dijk ha denominado el cuadrado ideológico, a saber: Maximizan los éxitos, aciertos, virtudes, victorias propias y de los aliados; minimizan los éxitos, aciertos, cualidades , victorias de los enemigos y sus aliados; maximizan los errores, desaciertos, vicios, derrotas de los enemigos y sus aliados; y minimizan los errores, desaciertos, vicios, derrotas propias y de los aliados. Es el camino de la legitimación de nuestras siempre guerras justas”. (Giró, 2006, pág. 202).

Al amparo de este enfoque, me apuesto lo que queráis a que las actividades que el Banc Expropiat ha convocado para hoy en el barrio, netamente pacíficas, no tendrán noticia a menos que se líe o haya mucha gente. No vaya a ser que incremente su legitimidad el proyecto. Molaría hacer un análisis exhaustivo.

Luego hay otros niveles de manipulación pura y sin cortar como La Razón titulando “Diputados de la CUP participaron en los disturbios de Gràcia” o “La CUP agita a los “okupas” contra Colau”. Bien, como podéis imaginar, esto lo cito para recrearme, básicamente, ya que ni tan sólo considero que sea un medio informativo.

Es cierto que los medios de comunicación de masas con sus rutinas de trabajo full time, con sus ERE’s y la ruina que ellos se han buscado y que está puteando a los trabajadores, limitan mucho la capacidad de actuación de los periodistas. No obstante, ello no les exime de intentar hacer una cobertura correcta. De hecho, por liberales que sean, no todos los medios del sistema capitalista se comportan igual, como demostraron en los años 70 y 80 muchos periodistas británicos con su cobertura del conflicto de IRA. En este punto, a modo de (auto)crítica, no caigamos en un análisis recurso de panfleto barato. Los sectores movilizados deberíamos aprovechar las pocas brechas existentes del sistema mediático como recursos para explicarnos, sin olvidar que no jugamos en casa y que en este tablero, no pasamos de peones.

El Banc Expropiat convocó ayer a las 18h una merienda para “explicar lo que no explica la prensa” a los vecinos. A esos mismos vecinos que han apoyado la protesta desde los balcones. Que tienen vidas de la calle.

Una sociedad bien informada es una sociedad con criterio. Una sociedad activa.

 

Sergio Ramos SÍ que es un ‘working class hero’

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Desde que Sergio Ramos salió en una fotografía con una camiseta que decía “working class hero” algunos militantes y gente políticamente comprometida le habéis cogido una manía al chaval…Y no entiendo por qué. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mintiendo? Es el héroe de la clase obrera, como lo son otros jugadores de fútbol. Como lo es Messi en su mesianismo. Que le paguen millones de euros por meter un balón entre dos palos y jubilarse antes de los 40 no significa que no sea un working class hero, porque la categoría de “heroe” no existe per se. La creamos nosotros. La otorgamos nosotros. Mientras haya una gran parte de la clase obrera que idolatre a los futbolistas de primera división que cobran una barbaridad (no todos), ellos serán héroes del pueblo. Ojalá una manifestación reuniese a tantos obreros como un partido de fútbol. Es el ejemplo por excelencia de la movilización de masas.

Siguiendo la teoría marxista podemos afirmar que esto se debe a una falta brutal de conciencia de clase o incluso a una “falsa conciencia de clase”, dejando de lado su sentido tautológico, en tanto que las aspiraciones o pensamientos del trabajador van en detrimento de sus propias necesidades o intereses materiales. Se identifica con una clase que no le corresponde. Llama a los jugadores por su nombre. Se preocupa. Empatiza con ellos. Y no son la misma clase social. No son iguales. La lucha de clases significa simple y llanamente que son ellos o nosotros. Obviamente aplaudiendo, discutiendo y peleándonos por quien ficha a quien poco conflicto hay. Recordemos que la cristalización del conflicto comienza en el discurso público. Nunca si éste es incoherente. Podemos tener contradicciones, que es a lo que se apela falazmente cuando alguien se mete con el negocio del fútbol profesional, pero no incoherencias. No tiene sentido alguno afirmar que queremos acabar con la desigualdad social y, al mismo tiempo, financiar voluntariamente y legitimar este tipo de deporte. ¿De qué vamos? Luego a veces está parte de la gente no politizada que sale con “no mezcles la política con el deporte” como si el fútbol occidental no se enmarcase dentro de la lógica de un sistema capitalista. O la repera de la argumentación “bueno, a mí no me ha hecho nada Sergio Ramos”. Claro, en un sistema sólo tiene responsabilidad el que hace leyes y las ejecuta con esa tendencia a utilizar conceptos e ideas genéricas que tenemos para desresponsabilizarnos. Señores, sí, Sergio Ramos es el héroe de una clase trabajadora sin conciencia de clase.

Y todo esto, por desgracia, se enmarca y explica dentro de una era posmoderna. Identificarse con clases sociales que no son las nuestras y aspirar a ser el de arriba de la pirámide social ocurre desde el surgimiento de la burguesía y, por tanto, del proletariado. Ahora bien, asumir que los metarelatos, grandes cosmovisiones, sistemas de valores e ideologías que dotan de sentido a la realidad y que, según Lyotard, son totalizantes, han muerto es consustancial a la corriente de pensamiento posmoderno.  Es la negación de la razón pura, que se considera una narrativa más, y la relativización de conceptos como “justicia”, “igualdad” o “libertad” según la experiencia particular y la supuesta búsqueda de la felicidad inmediata. Preocupa el ahora, no el devenir histórico ni la idea de progreso social que, estrictamente, dentro de esta corriente no existe. Y, lamentablemente, se ha conseguido convencer a parte de la población occidental, sumida en la gran mentira de la middle class, que lo que importa es la individualidad y el hedonismo por encima de la colectividad y el compromiso social. El culto a uno mismo, intentando mostrar “diferencia” artística, filosófica, etc. pero, contradictoriamente, acabando en una imitación social brutal gracias a la industria cultural, el marketing y la televisión. Y, sobre todo, la estética en todos los ámbitos: la imagen por encima del mensaje. Es el mundo a la carta, paradigma en el que se enmarca la cultura pop que sostiene la superproducción de artículos de consumo como pueda ser la camiseta de Sergio Ramos o las del Che Guevara. Hasta los años 80 el anticomunismo en EEUU estaba a la orden del día. Hoy es una moda, como tantas otras. No hay más. Sergio Ramos puede llevar la camiseta de la Working Class Hero como si mañana se coloca una de Curro Jiménez porque nosotros lo avalamos. No hay diferencia alguna. La única ideología que hay según esta corriente de pensamiento es la negación de las ideologías. Como ya he dicho, es estética. Igual que lo es la camiseta de Franco de Nuno Silva. Igual que lo es una camiseta con la cara del mismo Sergio Ramos. Él en sí mismo es una moda porque, con el supuesto fin de las ideologías, se afirma alejarse de los personalismos de los líderes políticos pero, en realidad, se crean nuevos héroes adaptados al pensamiento predominante: tú importas, no el conjunto. Mientras des espectáculo. Como en política.

Llegados a este punto, aparte de indignarnos y quejarnos, que lo hacemos bastante bien, ¿qué hacemos? Podemos cabrearnos y pegar cuatro gritos. O decir que la historia le dará su merecido, como algún tweet que he visto por ahí. O afirmar que acabará en un gulag y estas cosas tan guays que decimos en ambientes distendidos con “gente del rollo”. O también podemos plantearnos qué estamos haciendo mal para que seamos cuatro gatos los que entendamos que la camiseta de Ramos es un insulto. Porque algo estamos haciendo mal. Quizás muchos de nosotros pagar por una entrada de fútbol profesional y caer, sin querer, en la admiración incondicional a los futbolistas. Quizás lo erróneo sea el “todos tenemos contradicciones…”. O puede que nuestro error sea perder el culo por la nueva camiseta que saque el grupo de música alternativa hiper progre de turno, especialmente si tiene pasta, o convertir a Ovidi en un icono revolucionario con la sobre utilización de sus versos hasta que dejen de tener sentido.

Es imposible divulgar una visión del mundo, conseguir que tenga efecto y otra persona desarrolle su conciencia política, sin actuar en consecuencia a la misma. El capitalismo es el sistema económico más pernicioso que existe porque puede llegar a cualquier región del planeta e incluso cargárselo, como está haciendo. Y en su extensión, vivir absolutamente fuera del sistema es imposible, a menos que nos vayamos al monte con las cabras. Ahora bien, hay muchos tipos de elecciones. Y éstas determinan quienes somos.

Referencias

La condición posmoderna. Jean-François Lyotard

No me llames lumpen, imbécil

Los sectores militantes tenemos un gran problema. Muchos de nosotros somos profundamente elitistas. Y el elitismo es clasismo. Criticamos a Errejón por su tweet indescifrable pero reproducimos la misma lógica que él aunque con menos vocabulario y sin cobrar por ello. No llegamos a demasiados sectores de la sociedad. Somos paternalistas. Insultantes. Profundamente egocéntricos y narcisistas. Nos encanta salir juntos, follar entre nosotros y debatir de birreo sobre conciencia política, hegemonía, vanguardia y ahora, encima, centros de un tablero que ni sabemos dónde están. Decimos que no pero nos mofamos de la gente que no está politizada. Nos movemos en una comprensible rabia por el inmovilismo general pero a nivel práctico no hacemos nada para solucionarlo. Nos peleamos entre nosotros, la mayoría de veces sin sentido alguno, porque queremos dominar en los espacios políticos, perdiendo los objetivos mayores por el camino. Objetivos que ni siquiera hemos planteado bien. Nos definimos como comunistas, independentistas, anarquistas y otros -istas porque parece que haya que dejar claro “el palo del que vas” desde el comienzo, dando pie a los prejuicios. Colega, sabrás con quien comulgo cuando discutas conmigo; no necesito un puto cartel.

Hablamos como una burguesía que ha leído a Marx. Utilizamos palabras como “lumpen” para designar a ciertas personas de estamentos muy bajos de la sociedad con nula conciencia política. Yo lo he dicho, de coña en ambiente distendido pero lo he dicho. Y es un error. Actualmente, el que entiende el concepto de “Lumpenproletariado” no lo utiliza gratuitamente y mucho menos de forma descalificativa, a lo Pablo Iglesias / Nega. Eso sí, luego nos llenamos la boca con buenas intenciones y alardes de pedagogía pero la realidad es que la superioridad moral y pedantería nos traicionan. Una pedantería a veces protagonizada por gente que no ha pasado de la primera página de la Wikipedia. Y aunque haya pasado. Puedo haber entendido más teoría política, para que me guíe y pueda aplicarla, pero no soy más que tú por mi conocimiento. ¿Y los ensayos políticos en blogs y páginas web? Raro es el día que no me pierdo a mitad de un texto. Mi hermana pequeña entendería Principios del Comunismo de Engels como si fuese los putos Tres cerditos.

Señores y señoras con pendientes, rastas y zapas de Quechua: no hemos entendido la lucha de clases. Sino no se explica que al movimiento estudiantil, tan endogámico él, no se le ocurra que debe integrar a la gente que no puede acceder a la universidad. O que la presencia en los institutos sea ridícula. ¿Y por qué? No podemos siquiera concebir integrar a los de fuera de una estructura si no somos capaces de centrarnos y crear discurso entre los de dentro… Del mismo modo ocurre en otros movimientos.

No haremos nada hasta que dejemos de hablarnos a nosotros mismos. Arreglemos nuestros problemas de autoestima, va. Luego si eso socializamos el conocimiento, en lugar de dar lecciones y hacernos pajas en un bar pensando en “conquistar los barrios”, vaya tela de frase, y asaltar los nuevos Palacios de Invierno.

Oye, ¿por qué quieres que te exploten en El País?

Yo hay cosas que visto lo visto quizás debería entender y no entiendo. No quiero pecar de superioridad moral, simplemente no las entiendo y espero que me podáis ayudar con mi falta. No puedo entender que un estudiante de periodismo quiera, y remarco el verbo ‘querer’, acabar trabajando por una miseria para un gran medio de masas cuando está en crisis moral y económica. No lo entiendo de cualquier periodista pero de un estudiante, joven y supuestamente con ideas revitalizantes, menos. La Encuesta de Población activa de 2014 puntuaba en un 22,3% el paro en la profesión periodística así que pay attention. Según desvelaba la Revista Mongolia en su libro Papel Mojado. Crisis de la prensa y el fracaso de los periódicos en España, Juan Luís Cebrián cobró 12 millones de euros en 2012 mientras hacía un ERE en El País. El 30 de diciembre de 2013, el diario El Confidencial publicaba que Bankia había aplazado 400 millones de euros al grupo PRISA en 2011 antes de ser intervenida por su propia deuda. Desde 2010, Emmanuel Roman, miembro de Man Group, se sienta en el consejo de administración de PRISA, así como lo hace Nicholas Berggruen, miembro de Liberty que le inyectó a la empresa 650 millones de euros en el año citado. Cabe destacar que en el Consejo de Administración de La Vanguardia tienen (o tenían en 2013) asiento Enrique Lacalle, diputado del Partido Popular acusado de recibir pagos en B en 1997, y el financiero Joaquín Güell Ampuero, miembro de Lazard. También podemos hablar de la deuda estrambótica de 1.217 millones de euros de RTVV. Podría seguir hasta el mes que viene. Aquí deberíamos comentar la decadencia moral y lo que supone que finanzas y política te den de comer pero no quiero cabrearme, simplemente recordemos el titular Las 15 mentiras del 15M de La Razón en el que convertían a un grupo de hippies pacifistas en la kale borroka más peligrosa. Ética y economía son extrañas compañeras de cama. Pero si la primera te la pela, piensa en la segunda porque tú no eres un tiburón financiero.

Una vez llegados a este punto, ¿alguien me puede explicar por qué una persona que va a finalizar la carrera quiere acabar en un medio de masas? No estoy hablando de circunstancias. Es totalmente comprensible, y más en un momento como el actual, que si te ofrecen trabajo, y necesitas el dinero y hacer currículum, lo cojas. Yo hablo de deseo, no de necesidad. De pajearse con la idea de firmar un artículo en El País, La Vanguardia, o El Periódico. Lo habría entendido un poco más en los años 80/90, en pleno apogeo de la Cultura de la Transición y el snobismo socialdemócrata de los suplementos dominicales de cultura y las columnas de opinión. Ahora no.