Sergio Ramos SÍ que es un ‘working class hero’

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Desde que Sergio Ramos salió en una fotografía con una camiseta que decía “working class hero” algunos militantes y gente políticamente comprometida le habéis cogido una manía al chaval…Y no entiendo por qué. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mintiendo? Es el héroe de la clase obrera, como lo son otros jugadores de fútbol. Como lo es Messi en su mesianismo. Que le paguen millones de euros por meter un balón entre dos palos y jubilarse antes de los 40 no significa que no sea un working class hero, porque la categoría de “heroe” no existe per se. La creamos nosotros. La otorgamos nosotros. Mientras haya una gran parte de la clase obrera que idolatre a los futbolistas de primera división que cobran una barbaridad (no todos), ellos serán héroes del pueblo. Ojalá una manifestación reuniese a tantos obreros como un partido de fútbol. Es el ejemplo por excelencia de la movilización de masas.

Siguiendo la teoría marxista podemos afirmar que esto se debe a una falta brutal de conciencia de clase o incluso a una “falsa conciencia de clase”, dejando de lado su sentido tautológico, en tanto que las aspiraciones o pensamientos del trabajador van en detrimento de sus propias necesidades o intereses materiales. Se identifica con una clase que no le corresponde. Llama a los jugadores por su nombre. Se preocupa. Empatiza con ellos. Y no son la misma clase social. No son iguales. La lucha de clases significa simple y llanamente que son ellos o nosotros. Obviamente aplaudiendo, discutiendo y peleándonos por quien ficha a quien poco conflicto hay. Recordemos que la cristalización del conflicto comienza en el discurso público. Nunca si éste es incoherente. Podemos tener contradicciones, que es a lo que se apela falazmente cuando alguien se mete con el negocio del fútbol profesional, pero no incoherencias. No tiene sentido alguno afirmar que queremos acabar con la desigualdad social y, al mismo tiempo, financiar voluntariamente y legitimar este tipo de deporte. ¿De qué vamos? Luego a veces está parte de la gente no politizada que sale con “no mezcles la política con el deporte” como si el fútbol occidental no se enmarcase dentro de la lógica de un sistema capitalista. O la repera de la argumentación “bueno, a mí no me ha hecho nada Sergio Ramos”. Claro, en un sistema sólo tiene responsabilidad el que hace leyes y las ejecuta con esa tendencia a utilizar conceptos e ideas genéricas que tenemos para desresponsabilizarnos. Señores, sí, Sergio Ramos es el héroe de una clase trabajadora sin conciencia de clase.

Y todo esto, por desgracia, se enmarca y explica dentro de una era posmoderna. Identificarse con clases sociales que no son las nuestras y aspirar a ser el de arriba de la pirámide social ocurre desde el surgimiento de la burguesía y, por tanto, del proletariado. Ahora bien, asumir que los metarelatos, grandes cosmovisiones, sistemas de valores e ideologías que dotan de sentido a la realidad y que, según Lyotard, son totalizantes, han muerto es consustancial a la corriente de pensamiento posmoderno.  Es la negación de la razón pura, que se considera una narrativa más, y la relativización de conceptos como “justicia”, “igualdad” o “libertad” según la experiencia particular y la supuesta búsqueda de la felicidad inmediata. Preocupa el ahora, no el devenir histórico ni la idea de progreso social que, estrictamente, dentro de esta corriente no existe. Y, lamentablemente, se ha conseguido convencer a parte de la población occidental, sumida en la gran mentira de la middle class, que lo que importa es la individualidad y el hedonismo por encima de la colectividad y el compromiso social. El culto a uno mismo, intentando mostrar “diferencia” artística, filosófica, etc. pero, contradictoriamente, acabando en una imitación social brutal gracias a la industria cultural, el marketing y la televisión. Y, sobre todo, la estética en todos los ámbitos: la imagen por encima del mensaje. Es el mundo a la carta, paradigma en el que se enmarca la cultura pop que sostiene la superproducción de artículos de consumo como pueda ser la camiseta de Sergio Ramos o las del Che Guevara. Hasta los años 80 el anticomunismo en EEUU estaba a la orden del día. Hoy es una moda, como tantas otras. No hay más. Sergio Ramos puede llevar la camiseta de la Working Class Hero como si mañana se coloca una de Curro Jiménez porque nosotros lo avalamos. No hay diferencia alguna. La única ideología que hay según esta corriente de pensamiento es la negación de las ideologías. Como ya he dicho, es estética. Igual que lo es la camiseta de Franco de Nuno Silva. Igual que lo es una camiseta con la cara del mismo Sergio Ramos. Él en sí mismo es una moda porque, con el supuesto fin de las ideologías, se afirma alejarse de los personalismos de los líderes políticos pero, en realidad, se crean nuevos héroes adaptados al pensamiento predominante: tú importas, no el conjunto. Mientras des espectáculo. Como en política.

Llegados a este punto, aparte de indignarnos y quejarnos, que lo hacemos bastante bien, ¿qué hacemos? Podemos cabrearnos y pegar cuatro gritos. O decir que la historia le dará su merecido, como algún tweet que he visto por ahí. O afirmar que acabará en un gulag y estas cosas tan guays que decimos en ambientes distendidos con “gente del rollo”. O también podemos plantearnos qué estamos haciendo mal para que seamos cuatro gatos los que entendamos que la camiseta de Ramos es un insulto. Porque algo estamos haciendo mal. Quizás muchos de nosotros pagar por una entrada de fútbol profesional y caer, sin querer, en la admiración incondicional a los futbolistas. Quizás lo erróneo sea el “todos tenemos contradicciones…”. O puede que nuestro error sea perder el culo por la nueva camiseta que saque el grupo de música alternativa hiper progre de turno, especialmente si tiene pasta, o convertir a Ovidi en un icono revolucionario con la sobre utilización de sus versos hasta que dejen de tener sentido.

Es imposible divulgar una visión del mundo, conseguir que tenga efecto y otra persona desarrolle su conciencia política, sin actuar en consecuencia a la misma. El capitalismo es el sistema económico más pernicioso que existe porque puede llegar a cualquier región del planeta e incluso cargárselo, como está haciendo. Y en su extensión, vivir absolutamente fuera del sistema es imposible, a menos que nos vayamos al monte con las cabras. Ahora bien, hay muchos tipos de elecciones. Y éstas determinan quienes somos.

Referencias

La condición posmoderna. Jean-François Lyotard

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Lenguaje posmoderno y otros males de los movimientos sociales

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Vamos a ver. Yo entiendo que un movimiento social es una respuesta desde grupos de la sociedad civil organizados a un sistema político y/o económico que no les satisface en alguna de sus variables. O en la mayoría. O en todas. Depende de la concepción de cada uno de la política. Estos grupos intentan divulgar unas ideas alternativas a las establecidas y que éstas calen en un grupo mayor (véase pueblo, véase ciudadanía), es decir, crear discurso e incitar y promover acciones que cambien el orden social establecido.

Estos movimientos pueden provocar cambios sociales pero a su vez algunos cambios sociales pueden provocar el surgimiento de estos movimientos. Para que una reivindicación se convierta en movimiento social debe sostenerse en el tiempo durante un periodo variable y provocar huellas en el sistema político; no puede desaparecer a los dos días de comenzar, sino es una simple movilización. Un ejemplo de autodenominado movimiento que, pese a contribuir a la crisis política del Estado español, no se sabe si es movimiento es el 15M de 2011 proveniente de una pérdida de legitimidad del sistema representativo. A la práctica, un movimiento social es por fuerza mayor el reflejo de una contraposición de intereses. Es decir, de un conflicto.

A principios del siglo XX, el movimiento social por excelencia fue el Movimiento obrero. Su aparición se dio en un momento histórico en la que las necesidades materiales para una vida digna no estaban cubiertas y las reivindicaciones eran en base a la clase social y la relación con el sistema productivo. Es un movimiento basado en la fuerza de trabajo y lo que se obtiene de vender la misma porque no se controlan los medios de producción.

El Movimiento obrero nunca se ha desarticulado ni ha dejado de tener sentido pero partir de los años 60 y 70 algunos autores comenzaron a catalogar “otro tipo” de movimientos sociales que estaban surgiendo como los Nuevos Movimientos Sociales. Se presupone que estos NMS no están ligados a una reivindicación de clase sino a niveles de bienestar, identidad, nacionalidad, género, etc., como son el movimiento feminista (en su faceta moderna), el ecologista, el movimiento okupa, el movimiento estudiantil, el movimiento por los Derechos Civiles en EEUU, el antimilitarista o el antiglobalización que reclama un mayor reparto de la riqueza y justicia social. Se entiende que son movimientos ligados a una supuesta ‘clase media’ emergente con ciertas comodidades. Un ejemplo paradigmático de estos movimientos en Europa es el Movimiento de Mayo del 68 en Francia contra la sociedad de consumo, iniciado por los estudiantes, que acabó con la mayor huelga hasta el momento del país en el momento en el que se unieron otros sectores como el Partido Comunista Francés y los obreros (dato importante: la relevancia se adquiere cuando se implica los sectores económicos). Al mismo tiempo coincidieron los procesos de descolonización de África y América Latina.

Otros movimientos que surgieron a partir de entonces son el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, el Movimiento de los Parados Franceses, o el movimiento británico de propiedad comunal Reclaim the streets. El principal objetivo de los mismos ya no es la revolución con respecto al orden social, como sí lo es en el movimiento obrero en su sentido radical, sino rebelarse contra temas concretos que suelen considerar innegociables. Y esto ocurre dentro de un sistema socialdemócrata. La forma de organizarse usualmente es horizontal y ubicua, con organizaciones afines que teóricamente no los monopolizan y, por definición, apartidista.

Tras el boom económico de los años 90, con la llegada de la crisis económica y después de un periodo de cierta desmovilización, el movimiento obrero ha cobrado de nuevo relevancia entre el conjunto de población no politizada ya que derechos que se creían asegurados, como un salario “digno” y una regularización de las condiciones de trabajo, se están perdiendo progresivamente.

En este punto, a mí me gustaría, si me lo permitís, enviar a la mierda el concepto de ‘Nuevos Movimientos Sociales’. Entiendo que su surgimiento es posterior al auge del obrerismo y sus reivindicaciones heterogéneas y, a corto plazo, diferentes. Es cierto que no es posible enclaustrarlos en un marco de análisis puramente productivista. No obstante, no puedo entender que se los desligue conceptualmente en su totalidad de la reivindicación de clase, como si no tuviesen nada que ver. La conciencia social no puede separarse de las relaciones de poder de una sociedad, es decir, de la estructura económica.

En primer lugar, si consideramos que los niveles básicos de “bienestar” económico (que repercuten en el resto) funcionan en base a las relaciones dentro del propio sistema económico, se puede concluir que no es posible hacer una dicotomía entre la mayoría de estos nuevos movimientos y las reivindicaciones de clase. ¿Hay un conflicto entre diversos estamentos de la sociedad en el movimiento estudiantil? Sí, ¿o todos tenemos el acceso a la educación garantizado? ¿El movimiento alterglobalización a qué se opone? Exacto, a la globalización, ergo capitalismo “salvaje” globalizado, por tanto…desigualdades sociales. ¿Y las desigualdades sociales qué conllevan/necesitan? Lucha de clases.

En segundo lugar, ¿el machismo está ligado al sistema económico actual? La violencia que se ejerce contra las mujeres en un sistema patriarcal es estructural, simbólica (cultural) y directa (visible). Eso significa que no es necesario que me den una hostia o me insulten para que me agredan, sino que la violencia está impregnada en los discursos predominantes sobre las mujeres y en las prácticas, sean de acorde a la ley o no, que niegan necesidades básicas para mi desarrollo. Actualmente esto existe como parte del sistema capitalista y fuera de él, si es que podemos hablar de algún sistema actual no contaminado por algunas de las lógicas capitalistas (amplios sistemas), que lo dudo. Ahora bien, es innegable que la maquinaria del sistema capitalista exacerba el machismo hasta límites inimaginables porque su capacidad de control sutil es total: economía/salario, leyes, publicidad y consumo y su base: propiedad privada.

El que piense que puede tenerlo todo a su alcance también puede poseer a los demás, ergo someter. Por lo tanto, por mucho que haya gente que las pretenda separar, la lucha de género integral no se entiende sin lucha de clases y la lucha de clases no se entiende sin lucha de género porque no puedes emancipar una clase social permitiendo una opresión de una de las partes sobre la otra. Es totalmente contradictorio. Y a menos que se deconstruyan privilegios patriarcales, esto podría ocurrir en un supuesto sistema socialista ya que se proviene de un sistema opresor que hemos interiorizado. Por cierto, la primera generación de la RAF estaba compuesta por más mujeres que hombres y su miembro más reconocido, por encima de Andreas Baader, es Ulrike Meinhof. Que me digan que parte del feminismo de los años 70 no está ligado a la lucha de clases, como lo estuvo el feminismo de Zetkin, Luxemburgo o Kollontai 55 años antes.

En conclusión, el problema no es la existencia de estos movimientos sociales. El problema es la forma de denominarlos porque el lenguaje construye y confunde. Llamarlos “Nuevos movimientos sociales” omite el componente de lucha de clases que tienen, motor de la historia. Es un concepto posmoderno, cuando sus orígenes no lo son. Y es cierto que la mayoría de ellos van ligados al ascenso de la falacia del “Estado del bienestar”, es decir, a la llegada de la posmodernidad y que suponen una “evolución” en las reivindicaciones sociales a corto plazo”. Pueden conseguir mejorar algunos aspectos pero no acabar con el sistema a menos que entiendan y asuman que en socialdemocracia la ruptura no es posible ya que es un modelo, por definición, paternalista, reformista y capitalista. Y hay anticapitalistas dentro de los “NMS”, es decir, que propugnan dicha ruptura. Y yo, como parte de ellos, me siento insultada.

Un sistema capitalista puede asumir perfectamente un nuevo Estado liberal, un machismo con igualdad salarial y una política basada en consultas ciudadanas. Si el 15M no llegó a más es porque se perdió la perspectiva de clase entre tantas batucadas.