Conflicto en Gràcia, una cobertura sesgada

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¿Qué tal estas últimas noches haciendo running por Gràcia? Bien, ¿no? Gimnasio de gratis.

Uno de los factores que más se han criticado de las tres noches de disturbios y cargas policiales en Gràcia por el desalojo del Banc Expropiat, ha sido, sin duda, la cobertura mediática de algunos medios generalistas. Véase TV3, véase la Vanguardia o El Mundo.

Usualmente, como periodista (y mucho menos como activista) no espero una cobertura exhaustiva y de un rigor potente por parte de este tipo de medios sobre la violencia política. Sí, violencia política. Porque los disturbios de Gràcia son motivados por causas políticas y con objetivos políticos: comunicar un conflicto y disputar a las instituciones el reconocimiento de una propiedad para el barrio que se considera legítima, un centro que además hacía actividades políticas y aglutinaba diversas ideologías. Todo ello en un marco de disputa política permanente. Estructural. Independientemente de valoraciones éticas, estés de acuerdo o no, tiene explicación política, colega, y se debe tratar como tal.

Dedicar un par de líneas a explicar las reivindicaciones de dos mil personas y tres párrafos recreándose en la violencia callejera, con imprecisiones, generalizaciones y asunciones ideológicas, es una despolitización brutal del conflicto. Es un sesgo que omite información y criminaliza a una de las partes, con lo cual la ciudadanía no tiene toda la información necesaria para poder valorar si aprueba o no lo que ocurre, hacerse preguntas y/o replantearse esquemas. Es un “error” equiparar la violencia de Gràcia al vandalismo común de unos guiris liándola tras un partido de fútbol, sin explicar los orígenes del conflicto. Esto es lo que han hecho los medios de masas con respecto a esta situación, como de costumbre. Es lo que vende titulares, más allá de sus filtros políticos.

Este fragmento de La Vanguardia me encanta: “Es fácil detectar a los radicales violentos porque actúan como si hubieran recibido instrucción militar”. Fiiirmes.

En este sentido, no se ha dado voz a todas las partes del conflicto. Si bien es cierto que no siempre es fácil acceder a determinados círculos y que el “¡no grabes!” está a la orden del día, tampoco parece que los medios hayan mostrado mucho interés en compensar partes. En cualquier conflicto político, para poder entenderlo y avanzar hacia una resolución, todas los implicados deben tener oportunidad de expresarse, como Jané o Colau, y debe existir un equilibrio. En el mismo sentido, según El País, los vecinos están en contra de los disturbios porque sus testimonios, aquellos que han entrevistado, así lo aseguran. ¿Dónde están los vecinos que la tercera noche apoyaban la protesta desde los balcones, triplicándose en número respecto las noches anteriores? En cuanto a los heridos, las cifras que los medios han priorizado son cifras policiales, que son una de las partes activas del conflicto. Y muy activas. ¿Los 19 manifestantes heridos de la segunda noche no deberían estar en el titular como los Mossos, TV3? Cierto es que luego lo han corregido en otra noticia, tras recibir diversas críticas en las redes. Sin título

Siguiendo en esta línea, los medios han minimizado y relativizado la actuación policial de la Brigada Mòbil (BRIMO). Stop victimismo. Si la lías, te la juegas y lo asumes, más allá de que la violencia policial ha sido desmesurada en todos los casos, y de que la integridad física está por encima de cualquier altercado contra containers y vidrios. Pero debería ser de denuncia de primer orden que los Mossos le abran la cabeza a manifestantes “rasos”, agredan a periodistas y disparen a los balcones porque los vecinos aporrean cazuelas. Esto algunos medios como El País o El Mundo, en términos generales, no lo han explicado más allá de permitirme la corrección política de informar de “duras cargas policiales”.  Por contra, se enfatizan las supuestas heridas leves de los agentes de policía (¿tendiditis?). Algunos titulares, elemento informativo primordial, que no hablan de la grave actuación policial y en, algún caso, incluso los victimiza:

  • Los Mossos avisan que volverán a actuar “con firmeza” en caso de nuevos disturbios en Gràcia (La Vanguardia, 24/5/16)

  • Seis mossos heridos en el reintento de reocupación del Banc Expropiat (El Mundo, 24/5/16)

  • Sis mossos ferits lleus i diversos contenidors malmesos en la segona nit d’aldarulls a Gràcia (Diari Ara, 25/5/16)

  • Tercera noche de altercados en Gràcia pese al blindaje policial (El Periódico, 26/5/16)

  • Gràcia, la ratonera de los mossos (El Mundo, 27/5/16)

Todo esto nos traslada a la corriente de investigación del Análisis Crítico del Discurso (ACD) del lingüista Teun Van Dijk. Según este enfoque los discursos son ideológicos y construyen la realidad social, al mismo tiempo que son construidos por la misma. Los discursos de los medios, como actores con intereses propios, pueden dirigirse a establecer o reforzar formas de dominación social. Mediante el lenguaje, la priorización, la jerarquización de la información y las voces que aparecen en las piezas informativas, entre otros. O no.

“El análisis crítico del discurso es un tipo de investigación analítica sobre el discurso que estudia primariamente el modo en que el abuso del poder social, el dominio y la desigualdad son practicados, reproducidos, y ocasionalmente combatidos, por los textos y el habla en el contexto social y político. El análisis crítico del discurso, con tan peculiar investigación, toma explícitamente partido, y espera contribuir de manera efectiva a la resistencia contra la desigualdad social”. (Van Dijk, 1999, pág. 23).

Según afirma el profesor Xavier Giró, Van Dijk ha establecido el análisis del discurso a partir de lo que identifica como Cuadrado ideológico, que viene a ser un gol por toda la escuadra a la ciudadanía mediante una manipulación sutil, que en muchos casos no requiere de un lenguaje panfletario ni mentir ni manipular imágenes al estilo de ABC.

“Para legitimar su posición, los actores intentan que el discurso —el suyo y el de los medios— se despliegue siguiendo las líneas de lo que Van Dijk ha denominado el cuadrado ideológico, a saber: Maximizan los éxitos, aciertos, virtudes, victorias propias y de los aliados; minimizan los éxitos, aciertos, cualidades , victorias de los enemigos y sus aliados; maximizan los errores, desaciertos, vicios, derrotas de los enemigos y sus aliados; y minimizan los errores, desaciertos, vicios, derrotas propias y de los aliados. Es el camino de la legitimación de nuestras siempre guerras justas”. (Giró, 2006, pág. 202).

Al amparo de este enfoque, me apuesto lo que queráis a que las actividades que el Banc Expropiat ha convocado para hoy en el barrio, netamente pacíficas, no tendrán noticia a menos que se líe o haya mucha gente. No vaya a ser que incremente su legitimidad el proyecto. Molaría hacer un análisis exhaustivo.

Luego hay otros niveles de manipulación pura y sin cortar como La Razón titulando “Diputados de la CUP participaron en los disturbios de Gràcia” o “La CUP agita a los “okupas” contra Colau”. Bien, como podéis imaginar, esto lo cito para recrearme, básicamente, ya que ni tan sólo considero que sea un medio informativo.

Es cierto que los medios de comunicación de masas con sus rutinas de trabajo full time, con sus ERE’s y la ruina que ellos se han buscado y que está puteando a los trabajadores, limitan mucho la capacidad de actuación de los periodistas. No obstante, ello no les exime de intentar hacer una cobertura correcta. De hecho, por liberales que sean, no todos los medios del sistema capitalista se comportan igual, como demostraron en los años 70 y 80 muchos periodistas británicos con su cobertura del conflicto de IRA. En este punto, a modo de (auto)crítica, no caigamos en un análisis recurso de panfleto barato. Los sectores movilizados deberíamos aprovechar las pocas brechas existentes del sistema mediático como recursos para explicarnos, sin olvidar que no jugamos en casa y que en este tablero, no pasamos de peones.

El Banc Expropiat convocó ayer a las 18h una merienda para “explicar lo que no explica la prensa” a los vecinos. A esos mismos vecinos que han apoyado la protesta desde los balcones. Que tienen vidas de la calle.

Una sociedad bien informada es una sociedad con criterio. Una sociedad activa.

 

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Adéu, Baños

Que caos más estimulante, ¿no? Parece que se confirma la noticia. Antonio Baños, hasta ahora diputado de la CUP, dimitirá. Lo anunció el pasado 4 de enero, un día después de que el Consejo Político de la CUP decidiese que no investiría al que hasta hace nada era el sexypresi de la Generalitat, vanguardia del Procés para los medios de comunicación generalistas, Artur Mas. Todo parecía apuntar que el discurso del NO a Mas había ganado, que sus caballeros no lo traicionarían aportando otro candidato y que el frame del salvador de la patria se rompía a cambio de unas nuevas elecciones. Discurso que muchos habíamos asociado erróneamente al NO a Convergència, mientras que otros lo habían sostenido centrándose en la figura de Mas, con más impulso estético que argumentos. En este punto, Baños anunciaba su dimisión por, según él, no estar de acuerdo con el NO, pese a haberlo defendido fervientemente en campaña. Pero para sorpresa de independentistas del No, independentistas del Sí, unionistas y los que ni fu ni fa, la CUP y Junts pel Sí llegaron hace tres días a un acuerdo por la investidura del gironí Carles Puigdemont, para iniciar el supuesto camino de 18 meses hacía la formación de la República catalana, y evitar las elecciones de marzo que tanto miedo dan a un independentismo que no tiene muy claro con qué base social cuenta. Y en este momento en el que el acuerdo nos pilla a todos con el timeline de twitter rebosante de especulación, Baños dice que puede que se quede. Y posteriormente especifica que si la CUP se lo pide, se queda.

No sé qué pensarán exactamente sus compañeros, los militantes de la CUP y las filas de la EI pero yo, como pro-indepe con afán de cargarse el sistema del 78 y la supuesta unidad de una España antidemocrática hecha con escuadra y cartabón, digo que NO a Baños. Algunos hablan de comprensión de la dimisión. Otros dicen que Roma no paga traidores. Y en este mar de histeria generalizada de los últimos tres meses, provocada y auspiciada por unos medios de comunicación carroñeros, peña unineuronal, un frente de masas en la práctica extinto (ANC), falta de estrategia con perspectiva y errores comunicativos propios, nos olvidamos de las formas. Unas formas que más de uno ha perdido por el camino. Baños está en su derecho de dimitir, como lo estaría cualquier otro diputado, más aún si no hay disciplina de partido. El problema no es tanto el qué como el cómo.

Yo no sé si sale muy a cuento tener a un diputado que dice en caliente, antes de que acaben las negociaciones y la otra parte se pronuncie, que dimite porque no puede defender un NO que defendió en campaña, dejando tirado al partido un día después de la decisión y reafirmando así la imagen de ruptura interna. Y que cuando se llega a un acuerdo, y varios diputados de la CUP se comprometen a dimitir por dicho acuerdo, recula y dice que puede que él se quede. ¿Qué se ha pensado que es esto? ¿Una fiesta a la que puedes decidir asistir o no en el último momento según la música que se pinche? No. Baños no ha sido coherente con respecto a lo que prometió en campaña. No ha “quedado como un señor”, como se dice por ahí. Algunos argumentan que todos pensábamos que íbamos a marzo y que por tanto su decisión es comprensible. Yo difiero. Yo, tú, y el que está tirao en el sofá podemos dejarnos llevar por los impulsos, por la emocionalidad porque por nosotros la gente del mundo real no ha emitido un voto. Un diputado no. Él se ha ganado una responsabilidad buscada. Y no ha estado a la altura. Ni política ni comunicativamente. Quizás es que la política de palestra y pinganillo con proyección social se le queda grande. Adéu Baños.

Sergio Ramos SÍ que es un ‘working class hero’

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Desde que Sergio Ramos salió en una fotografía con una camiseta que decía “working class hero” algunos militantes y gente políticamente comprometida le habéis cogido una manía al chaval…Y no entiendo por qué. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mintiendo? Es el héroe de la clase obrera, como lo son otros jugadores de fútbol. Como lo es Messi en su mesianismo. Que le paguen millones de euros por meter un balón entre dos palos y jubilarse antes de los 40 no significa que no sea un working class hero, porque la categoría de “heroe” no existe per se. La creamos nosotros. La otorgamos nosotros. Mientras haya una gran parte de la clase obrera que idolatre a los futbolistas de primera división que cobran una barbaridad (no todos), ellos serán héroes del pueblo. Ojalá una manifestación reuniese a tantos obreros como un partido de fútbol. Es el ejemplo por excelencia de la movilización de masas.

Siguiendo la teoría marxista podemos afirmar que esto se debe a una falta brutal de conciencia de clase o incluso a una “falsa conciencia de clase”, dejando de lado su sentido tautológico, en tanto que las aspiraciones o pensamientos del trabajador van en detrimento de sus propias necesidades o intereses materiales. Se identifica con una clase que no le corresponde. Llama a los jugadores por su nombre. Se preocupa. Empatiza con ellos. Y no son la misma clase social. No son iguales. La lucha de clases significa simple y llanamente que son ellos o nosotros. Obviamente aplaudiendo, discutiendo y peleándonos por quien ficha a quien poco conflicto hay. Recordemos que la cristalización del conflicto comienza en el discurso público. Nunca si éste es incoherente. Podemos tener contradicciones, que es a lo que se apela falazmente cuando alguien se mete con el negocio del fútbol profesional, pero no incoherencias. No tiene sentido alguno afirmar que queremos acabar con la desigualdad social y, al mismo tiempo, financiar voluntariamente y legitimar este tipo de deporte. ¿De qué vamos? Luego a veces está parte de la gente no politizada que sale con “no mezcles la política con el deporte” como si el fútbol occidental no se enmarcase dentro de la lógica de un sistema capitalista. O la repera de la argumentación “bueno, a mí no me ha hecho nada Sergio Ramos”. Claro, en un sistema sólo tiene responsabilidad el que hace leyes y las ejecuta con esa tendencia a utilizar conceptos e ideas genéricas que tenemos para desresponsabilizarnos. Señores, sí, Sergio Ramos es el héroe de una clase trabajadora sin conciencia de clase.

Y todo esto, por desgracia, se enmarca y explica dentro de una era posmoderna. Identificarse con clases sociales que no son las nuestras y aspirar a ser el de arriba de la pirámide social ocurre desde el surgimiento de la burguesía y, por tanto, del proletariado. Ahora bien, asumir que los metarelatos, grandes cosmovisiones, sistemas de valores e ideologías que dotan de sentido a la realidad y que, según Lyotard, son totalizantes, han muerto es consustancial a la corriente de pensamiento posmoderno.  Es la negación de la razón pura, que se considera una narrativa más, y la relativización de conceptos como “justicia”, “igualdad” o “libertad” según la experiencia particular y la supuesta búsqueda de la felicidad inmediata. Preocupa el ahora, no el devenir histórico ni la idea de progreso social que, estrictamente, dentro de esta corriente no existe. Y, lamentablemente, se ha conseguido convencer a parte de la población occidental, sumida en la gran mentira de la middle class, que lo que importa es la individualidad y el hedonismo por encima de la colectividad y el compromiso social. El culto a uno mismo, intentando mostrar “diferencia” artística, filosófica, etc. pero, contradictoriamente, acabando en una imitación social brutal gracias a la industria cultural, el marketing y la televisión. Y, sobre todo, la estética en todos los ámbitos: la imagen por encima del mensaje. Es el mundo a la carta, paradigma en el que se enmarca la cultura pop que sostiene la superproducción de artículos de consumo como pueda ser la camiseta de Sergio Ramos o las del Che Guevara. Hasta los años 80 el anticomunismo en EEUU estaba a la orden del día. Hoy es una moda, como tantas otras. No hay más. Sergio Ramos puede llevar la camiseta de la Working Class Hero como si mañana se coloca una de Curro Jiménez porque nosotros lo avalamos. No hay diferencia alguna. La única ideología que hay según esta corriente de pensamiento es la negación de las ideologías. Como ya he dicho, es estética. Igual que lo es la camiseta de Franco de Nuno Silva. Igual que lo es una camiseta con la cara del mismo Sergio Ramos. Él en sí mismo es una moda porque, con el supuesto fin de las ideologías, se afirma alejarse de los personalismos de los líderes políticos pero, en realidad, se crean nuevos héroes adaptados al pensamiento predominante: tú importas, no el conjunto. Mientras des espectáculo. Como en política.

Llegados a este punto, aparte de indignarnos y quejarnos, que lo hacemos bastante bien, ¿qué hacemos? Podemos cabrearnos y pegar cuatro gritos. O decir que la historia le dará su merecido, como algún tweet que he visto por ahí. O afirmar que acabará en un gulag y estas cosas tan guays que decimos en ambientes distendidos con “gente del rollo”. O también podemos plantearnos qué estamos haciendo mal para que seamos cuatro gatos los que entendamos que la camiseta de Ramos es un insulto. Porque algo estamos haciendo mal. Quizás muchos de nosotros pagar por una entrada de fútbol profesional y caer, sin querer, en la admiración incondicional a los futbolistas. Quizás lo erróneo sea el “todos tenemos contradicciones…”. O puede que nuestro error sea perder el culo por la nueva camiseta que saque el grupo de música alternativa hiper progre de turno, especialmente si tiene pasta, o convertir a Ovidi en un icono revolucionario con la sobre utilización de sus versos hasta que dejen de tener sentido.

Es imposible divulgar una visión del mundo, conseguir que tenga efecto y otra persona desarrolle su conciencia política, sin actuar en consecuencia a la misma. El capitalismo es el sistema económico más pernicioso que existe porque puede llegar a cualquier región del planeta e incluso cargárselo, como está haciendo. Y en su extensión, vivir absolutamente fuera del sistema es imposible, a menos que nos vayamos al monte con las cabras. Ahora bien, hay muchos tipos de elecciones. Y éstas determinan quienes somos.

Referencias

La condición posmoderna. Jean-François Lyotard

No me llames lumpen, imbécil

Los sectores militantes tenemos un gran problema. Muchos de nosotros somos profundamente elitistas. Y el elitismo es clasismo. Criticamos a Errejón por su tweet indescifrable pero reproducimos la misma lógica que él aunque con menos vocabulario y sin cobrar por ello. No llegamos a demasiados sectores de la sociedad. Somos paternalistas. Insultantes. Profundamente egocéntricos y narcisistas. Nos encanta salir juntos, follar entre nosotros y debatir de birreo sobre conciencia política, hegemonía, vanguardia y ahora, encima, centros de un tablero que ni sabemos dónde están. Decimos que no pero nos mofamos de la gente que no está politizada. Nos movemos en una comprensible rabia por el inmovilismo general pero a nivel práctico no hacemos nada para solucionarlo. Nos peleamos entre nosotros, la mayoría de veces sin sentido alguno, porque queremos dominar en los espacios políticos, perdiendo los objetivos mayores por el camino. Objetivos que ni siquiera hemos planteado bien. Nos definimos como comunistas, independentistas, anarquistas y otros -istas porque parece que haya que dejar claro “el palo del que vas” desde el comienzo, dando pie a los prejuicios. Colega, sabrás con quien comulgo cuando discutas conmigo; no necesito un puto cartel.

Hablamos como una burguesía que ha leído a Marx. Utilizamos palabras como “lumpen” para designar a ciertas personas de estamentos muy bajos de la sociedad con nula conciencia política. Yo lo he dicho, de coña en ambiente distendido pero lo he dicho. Y es un error. Actualmente, el que entiende el concepto de “Lumpenproletariado” no lo utiliza gratuitamente y mucho menos de forma descalificativa, a lo Pablo Iglesias / Nega. Eso sí, luego nos llenamos la boca con buenas intenciones y alardes de pedagogía pero la realidad es que la superioridad moral y pedantería nos traicionan. Una pedantería a veces protagonizada por gente que no ha pasado de la primera página de la Wikipedia. Y aunque haya pasado. Puedo haber entendido más teoría política, para que me guíe y pueda aplicarla, pero no soy más que tú por mi conocimiento. ¿Y los ensayos políticos en blogs y páginas web? Raro es el día que no me pierdo a mitad de un texto. Mi hermana pequeña entendería Principios del Comunismo de Engels como si fuese los putos Tres cerditos.

Señores y señoras con pendientes, rastas y zapas de Quechua: no hemos entendido la lucha de clases. Sino no se explica que al movimiento estudiantil, tan endogámico él, no se le ocurra que debe integrar a la gente que no puede acceder a la universidad. O que la presencia en los institutos sea ridícula. ¿Y por qué? No podemos siquiera concebir integrar a los de fuera de una estructura si no somos capaces de centrarnos y crear discurso entre los de dentro… Del mismo modo ocurre en otros movimientos.

No haremos nada hasta que dejemos de hablarnos a nosotros mismos. Arreglemos nuestros problemas de autoestima, va. Luego si eso socializamos el conocimiento, en lugar de dar lecciones y hacernos pajas en un bar pensando en “conquistar los barrios”, vaya tela de frase, y asaltar los nuevos Palacios de Invierno.

Looking for ETA

Que los medios de comunicación manipulan y sesgan la información es algo de sentido común para ciertos entornos militantes o activistas, pero no para la gran parte de la ciudadanía, que no tiene alternativas informativas. La cobertura del movimiento antiglobalización en los años 90 demostró que los medios de comunicación en un inicio comenzaban a cubrirlo cuando se producían actos violentos, como los disturbios de Génova contra la cumbre del G8 en 2001 que acabaron con la muerte de Carlo Giulani por un tiro de un policía. Del mismo modo, los disturbios de Gamonal en Burgos el pasado enero o los 4 días de Can Vies en mayo tuvieron una amplia cobertura porque supusieron un problema público pero la cobertura, en sus inicios, se realizó haciéndose énfasis en la violencia (la de los grupos antisistema, no la policial) y no en las reclamaciones y el trasfondo político de los sucesos.

¿La prensa hegemónica en el Estado español cubre a los movimientos sociales? Sí. El 15M y la PAH fueron cubiertos de forma más o menos exhaustiva en el País, que se consideraba un periódico “progresista”, porque han conseguido representar a grandes sectores de una población en crisis. Ahora bien, ¿están dentro de las prioridades de la agenda? Pocas veces y siempre si el fenómeno es tan masivo que es rentable cubrirlo, tanto en términos económicos como electoralistas, como ocurre con la corrupción, en un país en el que la prensa tiene un gran arraigo a los partidos políticos con capacidad de formar gobierno. Según el sociólogo Manuel Castells, “la forma  en  que la  gente piensa  determina  el  destino  de las  normas  y valores  sobre los  que se construyen  las  sociedades.  Aunque  la coerción  y  el  miedo  son  fuentes  decisivas  para  que  los dominantes impongan su voluntad a los  dominados, pocos sistemas institucionales pueden durar demasiado si se basan de forma preponderante en una represión aguda. Torturar cuerpos es menos efectivo que modelar mentes.” (Castells, 2008: 2) Basándonos en este argumento se puede apuntar que los medios de comunicación son imprescindibles para mantener cierto status quo y reglas del juego políticas. Recordemos que los medios de comunicación, al igual que los partidos políticos y grupos de interés, forman frames, es decir, marcos de interpretación de la realidad a partir de enfoques de situaciones. Una palabra, un nombre, e incluso una coma construye.

Uno de los ejemplos más preeminentes en España que secunda este argumento es el intento de criminalizar todo movimiento social potencialmente desestabilizador mediante la relación de la organización armada ETA, actualmente en inactivo. En el ensayo Los Guardianes de la Libertad, de 1988, los profesores Noam Chomsky y Edward S. Herman expusieron que la información en Norteamérica pasaba por cinco filtros antes de ser publicada: La injerencia del capital, la necesidad de conseguir publicidad, las fuentes de información provenientes de agencia o instituciones, la represalias contra todo contenido que vaya contra los poderes políticos y financieros, y el anticomunismo como ideología. Según el ensayo, los medios de comunicación propugnaban el miedo al comunismo como enemigo social. Estos filtros son El Modelo Propaganda. (Chomsky y Hernan; 1988). Tras la caída del muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético, este filtro se vuelve más laxo, no obstante como expondrán posteriormente Chomsky e Ignacio Ramonet en su ensayo Cómo nos venden la moto, existe el recurso de inventarse enemigos y magnificarlos como el terrorismo internacional,  con  el  objetivo  de  que  el  “rebaño desconcertado”  no  le  de  tanta importancia  a  las  injusticias  e  incoherencias  de  su  propia  estructura  social,  y  se  entretenga criminalizando a los enemigos exteriores. (Chomsky, Ramonet; 1995). Eso no significa que el terrorismo no tenga importancia capital sino que se utiliza. Si se traslada la misma tesis al caso español podemos concluir que la necesidad de relacionar a los movimientos sociales con ETA se enmarca en el discurso del miedo para criminalizarlos y descentrar a la población de sus demandas económicas y políticas. Esto lo pueden llevar a cabo los miembros del sistema político[1] o los propios medios de comunicación como un actor más. Un ejemplo de esto último es el intento de Telemadrid de relacionar con ETA al nuevo partido político con capacidad de entrar en el sistema: Podemos. Para algunos muy escépticos, como una servidora, la progresiva rebaja del discurso de Podemos, el viraje hacia la socialdemocracia, se entiende en términos de neopopulismo, en tanto que quiere entrar en el gobierno y a todas luces realizar una reforma. Según Larry Diamond, la cultura política de un país son aquellos valores que permanecen en el tiempo y que determinan el comportamiento político de la ciudadanía. En España, dicha cultura es bastante conservadora por lo que si Podemos quiere entrar en el sistema debe suavizar su discurso ya que en sus inicios era bastante rupturista y existe el miedo al cambio, la sombra de la guerra civil porque, aunque sea una farsa a nivel democrático, los últimos 40 años han sido el periodo político más estable del Estado español. Ahora bien, dada la crisis política que ha provocado su surgimiento, es innegable que Podemos tiene capacidad de acabar con el bipartidismo establecido en la Transición, con el binomio PP-PSOE, por lo que para los medios más derechistas arraigados al sistema es necesario difamar a Podemos relacionándolo con ETA, aunque éste no vaya a desestabilizar el panorama político como sí lo haría si un Movimiento Social pro-ruptura si tuviese incidencia.

Sin embargo, cuando el frame sobre ETA ya no cuela existe el recurso de inventarse nuevas amenazas, como ha ocurrido con la detención la semana pasada de 11 militantes del movimiento libertario en el registro de Kasa La Muntanya, 7 actualmente en la cárcel, acusados de “terrorismo”, aunque no se conoce prueba alguna. La policía y la Audiencia Nacional ha catalogado el caso de “terrorismo anarquista” y los medios de comunicación han adoptado el concepto y han publicado titulares, es decir, han sucumbido a la terminología del poder político y judicial y han asumido los cargos. El País ni siquiera se ha molestado en entrecomillar las afirmaciones para resaltar que no son suyas. Recuerda a aquellos tiempos macabros en los que dicho diario autodenominado de izquierdas publicaba “ETA mata en Madrid”, tras el atentado de Atocha de Al Qaeda eL 11 de marzo de 2004, porque era la versión del gobierno de Aznar.

El periodismo de guerra, que no de conflicto

Según los enfoques analíticos de los conflictos armados presentada por el matemático Johan Galtung se puede cubrir un conflicto atendiendo a las reivindicaciones políticas de todas las partes o sólo de la parte del sistema, con una lógica de venganza y de la ganancia por encima de la resolución. En España, el conflicto vasco y la actividad de ETA en múltiples ocasiones, la gran mayoría, ha sido tratada por parte de las cabeceras “de referencia” con el recurso al sensacionalismo, la despersonalización y deshumanización de los presos vascos, de las víctimas del GAL y del Batallón Vasco Español, y con un relativismo brutal sobre los motivos políticos de las actuaciones de la banda.  Es decir, se ha optado por un periodismo de guerra. Se presupone que los medios de comunicación deben dar las claves a la ciudadanía para interpretar el mundo en el que viven. Si su enfoque es de periodismo de guerra, no contribuyen a resolver los conflictos y, por tanto, no ayudan al progreso de la sociedad. Entre otros factores, como el reconocimiento a todas las víctimas, que dejen de detener por indicios imaginarios, o que Otegi salga de la cárcel, el conflicto de ETA en el Estado español no estará superado hasta que los medios de comunicación no dejen de utilizar el discurso del miedo como arma política y electoralista.

Referencias

[1] Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, afirma que Ada Colau apoya a grupos proetarras:  http://www.publico.es/politica/452640/cifuentes-riza-el-rizo-y-vincula-a-la-plataforma-de-afectados-por-la-hipoteca-con-eta

CASTELLS, Manuel. Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red (I). Los medios y la política. A: Telos, 74, 2008

CHOMSKY, Noam; HERNAN, Edward. Los guardianes de la Libertad. Ed. Crítica, 1988

CHOMSKY, Noam; RAMONET, Ignacio. Cómo nos venden la moto. Información, Poder, y Concentración de Medios. Icaria, 1999