La traición

Es pequeño y está mayor pero funciona como el primer día, aunque las cataratas le impidan leer la tarjeta de memoria con la que antaño tan bien se coordinó. Es el típico móvil de mediados de la década del 2000 de la clase trabajadora que no está para ostentaciones: algo tímido, sin un gran físico, no le gusta ser el centro de atención…Ese teléfono que te compró tu madre no si antes decirte: “Esto es lo que hay. Ni se te ocurra quejarte. Yo no pude tener uno hasta los 35”.

Acepté con mucho gusto su compañía. Estuvimos juntos un par de años pero al crecer procedí a su renovación. Ya sabéis, los estragos del capitalismo y la creación de necesidades internautas. La llegada del Whatsapp a nuestras vidas como una droga dura. Sin cortar.

Sí. Dejé de lado al guerrero que había luchado a mi lado contra la regresión de derechos en las manifestaciones de los 15 y 16 años. Un combatiente digno y tenaz que más de una vez cayó y se levantó. Guardé su recuerdo en un cajón donde el tiempo es un concepto tan intangible que ni transcurre. Pero los nuevos móviles que lo relevaron, acostumbrados a la comodidad y la sofisticación táctil de la sociedad del consumo, murieron en los primeros asaltos del ring. Entonces yo, pérfida traidora postmoderna, recurrí una y otra vez a él cada vez que mis interesados amantes tecnológicos me abandonaban, como el que tiene un recurso en la recamara para paliar su soledad. Y como la vida es un continuum de erotismo, cada vez que mi adicción a la intensidad se traducía en el contacto con algún miembro de la comunidad masculina, es decir, cada vez que procedía a echar un polvo con cierta continuidad me apuntaba el número de teléfono de mi nuevo compañero en la agenda del que tanto me amaba que soportaba, con marcado estoicismo, la humillación de ser el segundo plato que se ingiere con desgana. Únicamente esos números por lo que siempre había muy pocos en proporción a lo que sería una agenda con la multiplicidad de personas que integran una vida. Hoy me ha dado por mirar la agenda. Sólo hay tres números. Son importantes.

Anuncios